"ÁMENSE LOS UNOS A LOS OTROS"

jueves, 18 de julio de 2013

“LA MEJOR PARTE”.

Querido/a Amigo/a:

Te envío un breve comentario sobre el evangelio de este domingo: 

“LA MEJOR PARTE”.
La reflexión, como siempre, es sólo una sugerencia inicial, para que s
e pueda elaborar un comentario colectivo, con la experiencia y la reflexión de cada uno. Cada uno puede intervenir y aportar, si quiere y cuando quiere, sus opiniones y reflexiones, que luego serán enviadas a todo el grupo.Abajo un aporte-retorno sobre el evangelio del domingo pasado: 

“¿Y QUIÉN ES MI PRÓJIMO?”.
Un abrazo P. Bernardino


                             “LA MEJOR PARTE”.                         

Muchas veces las cosas más importantes de nuestra vida son desplazadas por las urgencias contingentes, que ocupan el lugar de las más importantes.

   Leemos en el evangelio de san Lucas 10, 38-42.                                      

Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa. Tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra.
Marta, que estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo a Jesús: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude”. Pero el Señor le respondió: “Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas, y sin embargo, una sola cosa es necesaria. María eligió la mejor parte, que no le será quitada”.

PALABRA de DIOS


En su camino hacia Jerusalén...
meta de su viaje, Jesús “entró en un pueblo”. Anteriormente, otro pueblo le había cerrado las puertas, suscitando la violenta reacción de los discípulos Santiago y Juan. En este nuevo pueblo Jesús es bien acogido: “Una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa”. Marta parece ser una persona muy importante en el pueblo, y sin duda es la dueña de casa. Trata de acoger lo más generosamente posible a Jesús: “Estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa”. Tiene a una hermana, María, y desearía que le ayudara en el trabajo. Pero ella está “sentada a los pies del Señor”. Marta exige que colabore, recorriendo a la autoridad de Jesús, casi reprochándole que no tome partido en su favor: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo?”. Le manda al mismo Jesús: “Dile que me ayude”.

La tensión entre las dos hermanas, para el evangelio de Lucas, representa claramente los conflictos que se pueden dar en la comunidad de los discípulos de Jesús, como se manifiesta también en la disputa sobre los primeros puestos.






Marta y María son hermanas en el sentido eclesial...

 y quieren ofrecer lo mejor que pueden hacer. Jesús no es simplemente el Maestro de Nazaret: es “el Señor”, con su título pascual.

María, que “sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra”, representa al conjunto de los discípulos que escuchan la palabra de Jesús: “Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen”. Marta ha abierto su casa a Jesús, pero María es la que lo acoge y se hace verdadera discípula. La comunidad es representada por una mujer, rompiendo con la tradición que reservaba sólo a los varones la condición de discípulos. La de María no es una actitud específicamente contemplativa, como a veces se ha interpretado, sino simplemente la actitud de todos los seguidores de Jesús, que lo acogen y se alimentan de su palabra.

Marta es símbolo de otra corriente de la comunidad...
Se inquieta y se agita “por muchas cosas”. No escucha a Jesús. Protesta porque no se siente acompañada en su fatiga. Su deseo es cumplir con todas las normas y preceptos, como lo había aprendido de la Ley, y pretende que María haga lo mismo, que sea buena cumplidora de la Ley. Exige someter a su hermana al mismo yugo que la oprimía a ella, impidiéndole acoger la novedad del mensaje de Jesús. Está atada a una tradición del pasado, que quiere reproducir fielmente, para sí misma y para los demás.


La respuesta de Jesús...
no quiere solucionar simplemente un pequeño conflicto familiar. Quiere dar una clara orientación a toda la comunidad. Lo importante para el discípulo, la “sola cosa necesaria”, no es buscar la salvación y sentirse justificado a través del cumplimiento de todas las normas, sino la dedicación a la escucha de la Palabra de Dios, para cumplir con la única norma que es el mandamiento del amor: “María eligió la mejor parte, que no le será quitada”. Marta tiene que descubrir que esa “mejor parte” no es un privilegio de María, sino que está ofrecida a ella misma y a todos los que quieran ponerse en camino con Jesús y acompañarlo en su viaje hacia Jerusalén, hacia el don de sí mismo. El discípulo será como María, que no descuida “los quehaceres”, sino que los ubica en un contexto que los armoniza dentro de una prioridad que da sentido a todo: la acogida de la Palabra.





Bernardino Zanella     bernardino.zanella@gmail.com
Gustavo M. Llerena     gusosm@yahoo.es 


 LECTIO DOMINGO 14 de Julio   

      ¿Y quién es mi prójimo?       


En la sociedad actual es muy difícil entender la característica del “prójimo”. Aparentemente es un concepto simplemente “religioso”, sin embargo la profundidad de la enseñanza de Jesús nos hace ver que mas allá de las fronteras, los regionalismos y los credos, tiene que existir la solidaridad, trabajar por los demás, cambiar los modos egoístas de vida y principalmente “vivir para servir” y no “servir para vivir”. 

Es incomprensible entender como la colonización de América Latina hizo tanto daño a los pueblos, que fueron golpeados, asesinados y maltratados al amparo de “bulas” que protegían estos hechos aparentemente llevando el mensaje evangélico con la enseñanza de un “buen vivir” en sus manos. 

En la actualidad muchos gobiernos que se dicen cristianos, tienen sólo la cultura de la muerte y esos pueblos asaltados por sus recursos naturales no tienen el auxilio de un “samaritano”, menos tendrán de las grandes jerarquías que como los “levitas” protegen a quienes históricamente han estado en contra de los verdaderos dueños de la tierra. La justicia y los derechos de hombres y mujeres no son mencionados en muchas homilías, porque la manipulación del concepto del “prójimo” por siglos y siglos ha sido mostrado simplemente que hay ladrones y buenitos. 

  Francisco, Potosi - Bolivia

* * * 

Algo super importante es que Dios es el primero en hacerse prójimo. El Verbo se hizo carne y tomó nuestra condición, siente en sí nuestro dolor, alegría, sueños, todo. ¡Qué manera de hacerse prójimo! Y María lo acoge, y ella también se hace prójimo con su hijo, siente y abraza su dolor, que es nuestro, escucha su llanto, que es el nuestro, y se alegra con su sonrisa, que son las nuestras, y todo por Amor. Así ojala pueda caminar siendo cada día más prójimo de mis hermanos. 

Este texto me ha hecho reflexionar de manera diferente de lo que he reflexionado años anteriores. Siempre escuchaba del prójimo como la persona más próxima a uno, y que debemos acercarnos como el que está más próximo. Ahora tengo otra mirada, sin dejar la anterior que es también muy cierta, pero ahora veo que yo debo sentirme prójima de quien está a mi lado, es decir que debo tener la disposición de mi corazón de acercarme a quien tiene necesidad. Hay tantas formas de necesidad, pero pude sentir la necesidad de hermanas que lamentablemente no se encontraban tan bien, me sentí prójimo de ellas, escuchándolas. En esta sociedad hay mucha necesidad de ser escuchados. 

Ser prójimo sin esperar que te soliciten ayuda; ser prójimo animando lo cotidiano de cada jornada; ser prójimo estando cercano, sin decir tantas palabras; ser prójimo encomendando a Dios la jornada dolorosa de quienes no son felices en lo que realizan o buscan mejores instancias, prójimo de quien con los años ya no camina de prisa o debe permanecer en cama por largos días, sin que sea visitado estrictamente por enfermeras o médicos. Lo importante es sentirse prójimo del que pasa a tu lado y darle tu sonrisa o el saludo de buenos días, cosa que no siempre se hace. Sólo así creo que podré ser más prójimo, curar y compadecerme desde el corazón. 

   Hilda, Roma - Italia

*  *  *  



¡Qué bella lectura! Me queda muy claro quién es mi prójimo: es mi hermano, el que me necesita, el que llama, al que uno ama como así mismo. Pero también es muy importante saber que no sacamos nada con ir a la iglesia, si no somos capaces de ver las necesidades de nuestros hermanos que sufren. No puedo pasar por el lado sin mirar lo que pasa alrededor. Jesús lo explica claramente: tu prójimo es el hermano que te necesita. 



  Sandra, Coyhaique - Chile

* * * 


“Dios creó el mundo y lo amalgamó con la justicia. Pero la tierra no estaba en pie, sino que continuaba caída. Decidió entonces amalgamarlo con la misericordia, y así el mundo quedó en pie”. Este cuento judío sirva de introducción a la parábola – autobiográfica – del Buen Samaritano. 


La misericordia no es exclusiva de un credo u otro, es humana. Por ello profundamente cristina: “Está en tu corazón, para que la practiques” (Dt 30, 14). 


Es clave identificarse con el que ha caído en manos de los asaltantes, el que está medio muerto a la orilla del camino, del cual se hace cargo el samaritano que desaparece en el horizonte de Jerusalén. Cuando desde la más absoluta indigencia, cuando nada puedes hacer por ti mismo, y alguien se ha acercado a ti para levantarte, para salvarte, entonces descubres quien es Dios y lo que es el ser humano. Quién ha experimentado esto, no podrá seguir siendo el de antes; algo en él cambiará definitivamente. Lo vemos en el hijo que, medio muerto, regresa a casa y experimenta la misericordia amorosa del Padre. Lo vemos en la figura de Pablo, también él antes era un legista, celoso e irreprensible en la observancia de la ley. Pero mientras baja de Jerusalén, le sale al encuentro Jesús, el Samaritano ya cargado con su mal. Pablo se da cuenta de que está ciego, caído en tierra y muerto. Es llevado a la posada que “acoge a todos” – figura de Jesús que, en su camino a Jerusalén, recoge y hospeda a todos los excluidos por la ley y por la vida –. Allí es sanado y es transformado por aquél que lo convierte en instrumento elegido para anunciar a Cristo entre los paganos (cf Hechos 9, 15). 


“Ve y haz tu lo mismo”. “Nosotros hemos conocido y hemos creído en el amor que Dios nos tuvo” (1Jn 4, 16). Esto nos convierte en hombres y mujeres nuevos/as, capaces de ponernos en camino y cumplir su misma misión. 


Jesús, el Emmanuel – Dios con nosotros –, se hizo nuestro prójimo, para ser amado y amarlo. La misericordia es el sentido de su misión. ¡Felices los que experimentan la cercanía del Samaritano y descubren en él la ternura de Dios! 

  Joél, Puerto Aysén - Chile








jueves, 11 de julio de 2013

"Y QUIÉN ES MI PRÓJIMO"

Querido/a Amigo/a:

Te envío un breve comentario sobre el evangelio de este domingo: 

"Y QUIÉN ES MI PRÓJIMO"
La reflexión, como siempre, es sólo una sugerencia inicial, para que se pueda elaborar un comentario colectivo, con la experiencia y la reflexión de cada uno. Cada uno puede intervenir y aportar, si quiere y cuando quiere, sus opiniones y reflexiones, que luego serán enviadas a todo el grupo.
Abajo, un aporte-retorno sobre el evangelio del domingo pasado: 
“LA COSECHA ES ABUNDANTE”.


Un abrazo. Bernardino

                    “¿Y QUIEN ES MI PRÓJIMO?”                     


Amor al prójimo: es una opción que muchas personas en el mundo y muchas ideologías asumen. Jesús indica la manera a sus seguidores.

 Leemos en el evangelio de san Lucas 10, 25-37:                    

Un doctor de la Ley se levantó y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?”. Jesús le preguntó a su vez: “¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?”. Él le respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo”. “Has respondido exactamente, – le dijo Jesús –; obra así y alcanzarás la vida”. Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: “¿Y quién es mi prójimo?”. Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió:
Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto. Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo. También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino. Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió. Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo. Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: “Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver”.
¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones? “El que tuvo compasión de él”, le respondió el doctor. Y Jesús le dijo: “Ve, y procede tú de la misma manera”.

PALABRA del SEÑOR


Jesús ha comenzado decididamente su viaje...
hacia Jerusalén. En la región semipagana de Samaría va convocando a nuevos discípulos, y entregando muchas enseñanzas a sus seguidores, con palabras y hechos significativos.

Habla de cómo realizar concretamente el Reino de Dios en el tiempo presente. Pero un “doctor de la ley”, un abogado judío, con intenciones poco sinceras, “para ponerlo a prueba”, con la esperanza de encontrar en sus palabras algún motivo de condena, intenta trasladar el tema a otro ámbito, más allá de la vida física: “¿Qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?”. Jesús ayuda al interlocutor a darse él mismo la respuesta, buscándola en la ley: “¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?”. 

No era difícil encontrarla, porque la repetía en la oración dos veces al día: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo”. El abogado sabe bien lo que Dios espera de él. Su amor a Dios, con todo su ser, no puede reducirse a solemnes actos de culto en el templo, sino que tiene que traducirse en amor concreto al prójimo, dedicando a los demás el mismo cuidado y atención que uno dedica a su integridad y a su propio bienestar: “como a ti mismo”. Ese es el camino: “Obra así y alcanzarás la vida”.



En el intento de justificarse, el abogado agrega...
Otra pregunta: “¿Y quién es mi prójimo?”. Para el Antiguo Testamento y el judaísmo del tiempo de Jesús, “prójimo” es sólo el compatriota, y se extiende también a la persona extranjera residente, convertida a la religión de Israel. Jesús, con una parábola que encontramos sólo en el evangelio de Lucas, presenta otro criterio de “prójimo”. No propone una definición teórica, sino una manera concreta de proceder.
Hay un hombre tirado en el camino, herido y medio muerto, despojado de todo, símbolo de cualquier ser humano, en cualquier camino del mundo. Ha sido asaltado por ladrones: personas o sistemas.

Dos hombres religiosos, dedicados al culto, 
un sacerdote y un levita, pasando por allí, lo vieron y pasaron de largo. Regresaban del templo, donde habían buscado a Dios en la solemnidad de los ritos, y no podían acercarse a un herido, tal vez ya muerto, para no contraer impureza legal.


En cambio, un samaritano, un hombre...
de una creencia no ortodoxa, considerada inspirada por el demonio, “lo vio y se conmovió”. El evangelio se detiene en todos los detalles del cuidado que el samaritano ofrece al herido para su recuperación. El herido era un desconocido, probablemente judío, enemigo tradicional de los samaritanos. Nunca sabrá quien lo socorrió. Él también podrá agradecer sólo procediendo “de la misma manera”, como Jesús le indica al abogado que lo interrogaba. Jesús modifica la pregunta: “¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?”. Más que saber quién es tu “prójimo”, tú mismo tienes que hacerte “prójimo”, conmoverte frente a cualquier herido y socorrerlo. Prójimo no es el socorrido, sino el que socorre. Sólo el samaritano, el heterodoxo despreciado y rechazado, toma la iniciativa de hacerse “prójimo”, actuando con misericordia y desinterés.Para “heredar la vida eterna”, según la pregunta inicial del jurista, el discípulo y la discípula en camino con Jesús hacia Jerusalén, tendrán que proceder de la misma manera: su amor a Dios, con todo el corazón, toda el alma, todas las fuerzas y todo el espíritu, se realizará en el amor concreto para con el ser humano herido y despojado por ladrones de todos los tiempos.


Bernardino Zanella           bernardino.zanella@gmail.com
Gustavo M. Llerena           gusosm@yahoo.es  


 LECTIO del DOMINGO 07 de JUNIO  

  " LA COSECHA ES ABUNDANTE "      



Gracias por compartir esta lectura. Qué ganas da de salir a todos lados llevando la palabra del Señor. Creo que a los cristianos nos falta mucho de este caminar por la vida proclamando la palabra del Señor. De hoy en adelante voy a tratar de traspasar este vivir mío junto al Señor más vivamente, para que mis hermanos que no están con él, o más bien que están alejados de él, al verlo conmigo sientan más deseos de su presencia. 

  Doris Margarita, Santiago – Chile 


* * * 

La característica de la misión del evangelio es difundir lo aprendido. En la enseñanza se muestra algo parecido a un examen final y las discípulas y discípulos relatan a Jesús sus logros. 

Para aplicar este pasaje en la actualidad debemos entender primero que ese mensaje es el cambio de actitudes, vencer la soberbia, el miedo a la transformación, en síntesis la destrucción de viejas estructuras que en hoy en día continúan ensombreciendo nuestra vida en la sociedad. Durante la Colonia, pueblos enteros han sido destruidos, han sido saqueados recursos naturales, se han asesinado pueblos enteros y el sometimiento parece continuar, pese a existir tribunales de justicia, Carta sobre la defensa de los Derechos Humanos, etc. Sin embargo parece que la misión que Jesús nos pide en pleno siglo XXI es no pensar primero cuánto me van a pagar por difundir el mensaje del evangelio. Entonces es contradictorio ver a los curas primero cobrar por una eucaristía o ver situaciones personales antes de actuar. 

Con referencia los demonios que cita el evangelio, en la actualidad estos son la pobreza, el alcoholismo, la drogadicción y principalmente la explotación de los más pobres. En la reunión de obispos de Medellín se pensaba cambiar en la Iglesia la forma de mirar al pueblo a través de la opción preferencial por los pobres, sin embargo algunos obispos y curas tienen mucha preferencia por los más ricos, por los explotadores, y estas actitudes hacen que la esperanza de verdaderos cambios esté aun muy lejos. 

  Francisco, Potosí – Bolivia 


* * * 
La misión nace del amor del Padre hacia todos sus hijos y concluye, por acción del Espíritu, en el amor de los hijos al Padre y entre ellos. Las condiciones de la misión son las mismas de Jesús. La finalidad de la misión no es sólo la victoria sobre el mal, sino sobre todo el hecho de que el nombre de los discípulos está escrito en el cielo. Jesús vino para darnos la alegría de entrar en comunión con el Padre (cf Lc 10, 21-22). 
El drama del amor de Cristo no amado, que no renuncia nunca a ofrecerse, es la salvación que no se niega a ninguno y se da a todos. El amor que deben tener los discípulos es compartir y dar, no es escoger y hacer. “Vayan, que yo los envío como ovejas en medio de lobos… Cuando entren en una casa, digan primero: Paz a esta casa… Coman de lo que les sirvan. Sanen a los enfermos y digan: el Reino de Dios ha llegado a ustedes”. El mensaje y las instrucciones con que envía Jesús a sus discípulos, chocaban con la sensibilidad religiosa y cultural de la época. 
Por eso Pablo, el apóstol de los gentiles, llamará a esta experiencia: “la locura de la cruz” (1Cor. 1, 23), en donde el enviado se asemeja al Señor Crucificado. Esta semejanza es en sí misión, es asociarse a su cruz que salva a la humanidad. El mismo apóstol nos trasmite esta experiencia. Lo leemos en la primera Carta a la comunidad de de Corinto 4, 9-13. “Pienso que a nosotros los apóstoles Dios nos ha puesto en el último lugar, como condenados a muerte, y hemos llegado a ser un espectáculo para el mundo, para los ángeles y los hombres. Nosotros por Cristo somos locos, ustedes por Cristo prudentes; nosotros débiles, ustedes fuertes; ustedes estimados, nosotros despreciados. Hasta el momento presente pasamos hambre y sed, vamos medios desnudos, nos tratan a golpes, no tenemos domicilio fijo, nos fatigamos trabajando con nuestras manos. Somos insultados y bendecimos, somos perseguidos, somos calumniados y consolamos a los demás. Somos la basura del mundo, el desecho de todos hasta ahora”. Creo que éste es el mejor testimonio y comentario de ser enviados de Cristo y asemejarnos a él. 

   Joel, Puerto Aysén – Chile 

* * * 
"No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo”. 
Esto es lo que diferencia el " éxito" en un plano material, de la realización de nuestros seres en un plano espiritual. Y en cada trabajo (que no es más que la expresión de nuestro Ser en el plano material) que realizamos, por pequeño o grande que sea, no importa si es apreciado por mil, por uno, o por ninguno, ése es el termómetro que indica si es producto de la frialdad y cálculo del ego o de la suavidad y la ternura del alma. 

    Isabel, City Bell – Argentina







viernes, 5 de julio de 2013

"LA COSECHA ES ABUNDANTE"

Querido/a Amigo/a:

Te envío un breve comentario sobre el evangelio de este domingo: 

"LA COSECHA ES ABUNDANTE"
La reflexión, como siempre, es sólo una sugerencia inicial, para que se pueda elaborar un comentario colectivo, con la experiencia y la reflexión de cada uno. Cada uno puede intervenir y aportar, si quiere y cuando quiere, sus opiniones y reflexiones, que luego serán enviadas a todo el grupo.
Abajo, un aporte-retorno sobre el evangelio del domingo pasado: 
“TE SEGUIRÉ A DONDE VAYAS”.
Un abrazo: P. Bernardino


                “LA COSECHA ES ABUNDANTE”.             


Hay infinitas formas de trabajo, y también cuando se realiza el mismo trabajo, se pueden tener infinitas finalidades distintas. Pero el trabajo fundamental a que está llamado el ser humano es su misma trasformación y la plena humanización de la sociedad.

 Leemos en el evangelio de san Lucas 10, 1-12. 17-20     

El Señor designó a otros setenta y dos, además de los Doce, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir. Y les dijo: “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha. ¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos. No lleven dinero, ni provisiones, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Al entrar en una casa, digan primero:¡Que descienda la paz sobre esta casa! Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes. Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa. En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan; sanen a sus enfermos y digan a la gente: El Reino de Dios está cerca de ustedes. Pero en todas las ciudades donde entren y no los reciban, salgan a las plazas y digan: Hasta el polvo de esta ciudad que se ha adherido a nuestros pies, lo sacudimos sobre ustedes! Sepan, sin embargo, que el Reino de Dios está cerca. Les aseguro que en aquel Día, Sodoma será tratada menos rigurosamente que esa ciudad”. Los setenta y dos volvieron y le dijeron llenos de gozo: “Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre”. El les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Les he dado poder para caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos. No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo”.
PALABRA del SEÑOR.



Jesús se ha puesto en camino hacia Jerusalén..
la meta final de su misión, acompañado por discípulos y discípulas, que van aprendiendo lo que significa caminar e identificarse con él. En el camino convoca a nuevos discípulos, desde los lugares que va visitando, y elige a setenta y dos para encargarlos de una nueva misión: “para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir”. Es una misión parecida a la que anteriormente él había confiado a los Doce apóstoles, que no había tenido un éxito positivo. Ahora envía a setenta y dos, un número que según algunos representa a todos los pueblos de la tierra, como se creía y como leemos en el capítulo 10 de Génesis. Los envía “de dos en dos”, porque el testimonio de dos hombres es legalmente creíble, y para constituir ya un primer núcleo de comunidad.

Los ayuda a tomar conciencia de la urgencia de la tarea: “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos”. La humanidad está lista, pero faltan trabajadores. La vocación para la misión es don de Dios, y hay que pedirla para cada miembro de la comunidad: “Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha”. De Dios vendrá el éxito de la misión.




No será trabajo fácil...
porque encontrarán oposición y hostilidad, como las había encontrado el Maestro: “los envío como a ovejas en medio de lobos”. Hay muchos intereses y egoísmos que dominan al ser humano, que entrarán en conflicto con el mensaje de Jesús. Los poderes del mundo se sentirán cuestionados y amenazados, y perseguirán a sus mensajeros. Ellos serán inermes, como corderos, no lobos contra lobos.
“No lleven dinero, ni provisiones, ni calzado”: para su supervivencia deberán confiar solamente en la providencia de Dios y en la solidaridad de los que los acojan.

La urgencia de la misión exige...
no perder tiempo: “No se detengan a saludar a nadie por el camino”. Lo único que deben llevar es un mensaje de paz, que ofrecerán a la casa adonde lleguen: “¡Que descienda la paz sobre esta casa!”. Si no hay una persona de paz que la reciba, seguirán buscando a quien ofrecérsela.
No se harán problemas de pureza legal en la alimentación: “coman lo que les sirvan”, “comiendo y bebiendo de lo que haya”. La inculturación del evangelio pasa también por compartir la comida, la comunión en torno a la mesa, superando las rígidas normas judías que separaban los alimentos puros de los impuros.




El mensaje será manifestado en una forma esencial,

con palabras y hechos: “Sanen a sus enfermos y digan a la gente: el Reino de Dios está cerca de ustedes”. La sanación de los enfermos, reintegrándolos a la comunidad, es un signo del proyecto misericordioso de Dios, que quiere sanar a la humanidad herida, y el anuncio del Reino dispone los corazones a recibirlo.



Pero es posible el rechazo. En este caso, “en todas las ciudades donde entren y no los reciban, salgan a las plazas y digan: Hasta el polvo de esta ciudad que se ha adherido a nuestros pies, lo sacudimos sobre ustedes!”. El piadoso judío, cuando volvía a su país desde tierras extranjeras paganas, sacudía el polvo de sus pies, para no traer tierra pagana a su casa. Jesús declara que tierra pagana es la ciudad que no acoge a sus mensajeros, el corazón de los que rechazan su mensaje. Serán ellos mismos artífices de su propia ruina.Cuando los setenta y dos regresan de la misión, comparten con Jesús, llenos de alegría, la experiencia vivida: “Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre”. Han podido liberar a las personas de las fuerzas del mal, que las dominaban. Habían recibido de Jesús ese poder. En cambio, ha perdido su poder el enemigo: del cielo no baja el fuego para destruir, como pedían los hermanos Santiago y Juan, sino cae Satanás: “Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo”. Nada puede detener el camino de la Buena Noticia. Pero, más allá del éxito de la misión, lo más importante es la adhesión de los mensajeros a Jesús, y su participación en el Reino de Dios: “Alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo”.





                                                                 






Bernardino Zanella           bernardino.zanella@gmail.com
Gustavo M. Llerena           gusosm@yahoo.es  



    LECTIO DOMINGO 30 de JUNIO     
   “TE SEGUIRÉ A DONDE VAYAS”.    
¡Qué fuerte es este evangelio! ¡Qué claridad y fuerza tiene el mensaje de Jesús! Claramente nos recuerda las exigencias que conlleva seguir a Jesús: ser incomprendido, rechazado, dejar las posesiones, dejar familia, estar en constante cambio. 

Las frases: “Sígueme”; “Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza”; “Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el Reino de Dios”; y “El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios”; no dan pié a equívocos. No basta con recocerlo como el Dios encarnado, hay que amarlo como él nos amó y ama, para que se produzca esa transformación – hacia el hombre nuevo – aunque este cambio sea lento. 

Es un mensaje rupturista con nuestras estructuras, socializaciones y concepciones erradas, pero… es esperanzador y liberador. Cuando Jesús se nos revela en toda su magnitud, deslumbrados por su mensaje y testimonio, también, somos capaces de decir: “¡Te seguiré adonde vayas!”. 

Por eso, ¡Señor Jesús, con humildad te pido me regales más fe, constancia y perseverancia en mi caminar tras de ti y contigo! 

     Vero, Santiago – Chile 


* * * 

“Deja que los muertos entierren a sus muertos”. Los ritos vacíos sólo son apariencias. Si tu padre o madre han muerto no es el funeral lo que requiere tu presencia sino el rezo por su alma, pues ya es otra la tarea que tienen. Los que apuestan a las grandes pompas del entierro siguen atados a lo material, a este plano. 

“Deja que los muertos entierren a sus muertos”: que los dormidos sigan con los dormidos, que los vivos sigan la Luz, la Vida. Deja los apegos, las posesiones, porque todo, todo es fugaz y fútil, y si seguimos postergándonos, postergando nuestro espíritu en aras de lo material, nunca llegaremos al centro mismo de nosotros como hijos de Dios; nunca llegaremos a ser Cristos o a tener el Corazón crístico. Jesús, el hijo del hombre, enviado por Dios, ha dicho que todos podemos ascender, que el camino no es fácil, que el camino del Amor no es superficial y requiere de una total conciencia cristalina, pero él lo hizo paso a paso para mostrarnos que es posible con nuestra humanidad, como fue la que él encarnó: la del dolor, el sufrimiento y las tentaciones y aún así, el Infinito Amor se manifestó. El camino es interminable, pero cada paso es sagrado si es plenamente sentido. Cuando comprendemos esto todo en nuestra vida cobra significado, el tiempo de maduración, los continuos extravíos, los destellos de claridad, todo el pasado se vuelve un instante fugaz que fue necesario para traernos hasta aquí, el momento presente en que comprendemos porqué tanta confusión, tantos laberintos que parecían sin salida, tantas equivocaciones y dolores y pérdidas, y la Llamada se vuelve fuego, Antorcha, Luz a seguir y la alegría también se vuelve real, no una fantasía eufórica o mesiánica. 

   Isabel, City Bell – Argentina 



* * * 

Seguir el camino es súper difícil, especialmente en el mundo en que vivimos, en el que al día le faltan horas, por exceso de trabajo y tareas que realizar... Apenas nos queda tiempo para compartir con la familia. Debemos encontrar la manera de hacernos tiempo entre el tiempo, de dedicarnos más a los nuestros y ciertamente dedicarle más tiempo al Señor. Yo lo trato de llevar conmigo en el día a día, en la noche, y también en la enfermedad y el dolor. Sigo aprendiendo de Él cada día. Sin Él no tiene sentido todo nuestro quehacer humano. Sin la esperanza que nos da su resurrección, sin el amor compartido, no tiene sentido la vida. Él le responde a uno que quería seguirle, pero a su manera: “Deja que los muertos se queden con los muertos”. Nuestra vida nos viene de Dios y sólo tiene sentido cuando nos volvemos a Jesús y nos dejamos guiar por Él. 

   Doris Margarita, Santiago - Chile


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El corazón humano es inquieto – decía San Agustín –. Esa inquietud sin Dios, o sin la libertad que nos propone Jesús, se transforma en un imán al cual se pega montón de cosas, todo aquello que creemos que nos dará felicidad, pero terminará aplastándonos, enterrándonos debajo de un cerro de chatarra. El evangelio es camino a seguir, siempre detrás de Jesús. Si no invertimos la polaridad para dejarnos atraer por Él, estamos perdidos, muertos, o enterrando muertos. 

El camino de Jesús que le lleva al Padre, es un camino que conlleva una tensión de un amor no acogido, de una verdad resistida, finalmente se expresará como violencia que le llevará a la cruz. Ningún interés propio mueve a Jesús en su camino a Jerusalén. Nada puede explicar su subida sino su deseo de hacer la voluntad del Padre, esa misteriosa atracción que en el evangelio de San Juan se expresa: “El Padre y yo somos uno” (Jn 10, 30). El camino de Jesús, es el camino del ser humano hacia Dios. Que el Espíritu infunda en nosotros esa atracción por hacer la voluntad del Padre. 

“¡Te seguiré adonde vayas!”; “Permite que vaya primero…”; “Pero, permite antes…”. ¡Qué difícil se nos hace a menudo saber escoger el verdadero bien! Cuántas veces tratamos de huir de nosotros mismos y de nuestra vida real; escaparnos de situaciones en que debemos practicar lo pequeño y sencillo. ¿No estamos a menudo contentos de que se nos deje en paz, de que podamos cerrar detrás de nosotros la puerta, para que los otros se las arreglen como puedan? ¿No es a veces nuestro amor pura ficción? Entiendo que la propuesta de Jesús, no es sólo renuncia, es una invitación a confiar en la bondad de Dios. Es decir: confía en Dios, pues sabes que tu juicio y conocimiento son limitados y erróneos, mientras que el Padre quiere lo mejor para ti: Sígueme. 

En fin, el texto nos deja en claro que Jesús ha venido para salvar, no para condenar; para abatir las barreras que separan a los hombres, no para destruir a los hombres; para ser exigente, pero no intransigente; para promover el perdón y la paz, y no la violencia. Ha venido para usar el poder de Dios en favor de los hombres, no en contra de ellos. 

   Joel, Puerto Aysén -Chile


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Cuando leí: "Te seguiré adonde vayas", entiendo primero que todos estamos viviendo vertiginosamente y nos hemos enrolado tanto en vivir rápido, que nos hemos dejado absorber por los adelantos. La historia día a día se repite: vamos manifestando nuestro compromiso o nuestro deseo de servicio, pero siempre anteponemos nuestras necesidades. Para un cambio de pensamiento es importante analizar que en la búsqueda de una vida nueva, según el "Reino de Dios", no está involucrada solamente la persona individual, sino la comunidad, el servicio real que a ella podemos no ofrecer sino dar. La realidad es la misma. El tiempo cambia pero los hechos se repiten: nuestra búsqueda del Reino de Dios. Nos aflige, pero no estamos concientes de la preparación que estamos teniendo o que estamos dando a nuestra familia, a nuestros niños/as, adolescentes y jóvenes, para pensar en nuestra comunidad, y no de manera individual, en nuestra demanda personal. Vivimos un tiempo de inseguridad por la falta de unión entre todos para la búsqueda del bien común. 

   Carmen, Oruro - Bolivia

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Sí, existen los cambios tecnológicos, sociales, hasta del medio ambiente, pero el cambio en mi vida será con esa rapidez, adhesión y como me lo pide Jesús. Cuando pide alojamiento a esa comunidad y a otros discípulos les dice sígueme, lo esta haciendo también a mí. Estaré siguiendo a Jesús desprendiéndome de esos apegos de egoísmo, falta de perdón, falta de misericordia, caridad, pretextos familiares, de trabajo, apegos materiales, comodidades, etc. ¿Y estaré cumpliendo su voluntad o mis caprichos? Es muy cuestionante esta lectura. Tiene como tema común las exigencias de las vocaciones. Debe nacer en mi la necesidad del desprendimiento, renuncia y abandono a las cosas personales como exigencia para seguir a Jesús. El Evangelio nos dice que el desprendimiento exigido por Jesús a los tres candidatos es radical. Se diría que Jesús hace todo lo posible para desanimar a los tres que pretenden seguirle a lo largo del camino. Parece que su intención es más la de rechazar que la de atraer, desilusionar más que seducir. En realidad, él no apaga el entusiasmo, sino las falsas ilusiones y los triunfalismos mesiánicos. Los discípulos deben ser conscientes de la dificultad de la empresa, de los sacrificios que comporta y de la gravedad de los compromisos que se asumen con aquella decisión. 

Por tanto, seguir a Jesús exige disponibilidad, ruptura con el pasado, decisión, tomando en cuenta que ese llamado es un don de Dios. 

   Silvia, La Paz - Bolivia



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