"ÁMENSE LOS UNOS A LOS OTROS"

viernes, 16 de agosto de 2013

“HE VENIDO A TRAER LA DIVISIÓN".


Querido/a Amigo/a:

Te envío un breve comentario sobre el evangelio de este domingo: 

“HE VENIDO A TRAER LA DIVISIÓN".
La reflexión, como siempre, es sólo una sugerencia inicial, para que se pueda elaborar un comentario colectivo, con la experiencia y la reflexión de cada uno. Cada uno puede intervenir y aportar, si quiere y cuando quiere, sus opiniones y reflexiones, que luego serán enviadas a todo el grupo.
Abajo un aporte-retorno sobre el evangelio del domingo pasado: 

“A LA HORA MENOS PENSADA"

Un abrazo... Bernardino


                  “HE VENIDO A TRAER LA DIVISIÓN".               


Todos los intentos de cambio desencadenan conflictos, entre las fuerzas que prefieren no cambiar nada y las que intentan abrir caminos nuevos, entre la paz del orden establecido y la lucha por un mundo más humano y una vida más plena.
       
  Leemos en el evangelio de san Lucas 12, 49-53                         


Jesús dijo a sus discípulos: “Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo! Tengo que recibir un bautismo, ¡y qué angustia siento hasta que esto se cumpla plenamente! ¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra? No, les digo que he venido a traer la división. De ahora en adelante, cinco miembros de una familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra”.


PALABRA  del  SEÑOR



A los discípulos que lo acompañan...
en el camino hacia Jerusalén, Jesús les declara abiertamente: “Yo he venido a traer fuego sobre la tierra”.

Ya Juan Bautista había anunciado que el Mesías iba a bautizar “en Espíritu santo y fuego”, pero él esperaba a un juez que iba a separar a los buenos de los malos, el trigo de la paja, para destruir definitivamente a los malvados: “Todo árbol que no dé buen fruto será cortado y echado al fuego”; “quemará la paja con el fuego inextinguible”.
También los discípulos Santiago y Juan habían propuesto a Jesús hacer bajar fuego del cielo, para quemar la aldea que les había negado hospitalidad.


En cambio, el fuego que Jesús ha venido a traer...
sobre la tierra tiene absolutamente otra naturaleza y otra finalidad. Jesús quiere encender en el mundo el fuego del Espíritu, el fuego de Pentecostés, la energía transformadora que “renueva la faz de la tierra”, haciendo desaparecer lo antiguo y abriendola a la nueva creación. Es un fuego que quema el corazón, alimenta la vida y la impulsa por los caminos del reino de Dios, extendiéndolo a toda la humanidad. Es el deseo más profundo de Jesús: “¡Cómo desearía que ya estuviera ardiendo!”.


Este proyecto encontrará la oposición... 
será acogido por algunos, y rechazado por otros que al final asesinarán a Jesús en un bautismo de sangre: “Tengo que recibir un bautismo, ¡y qué angustia siento hasta que esto se cumpla plenamente!”. En realidad, es un proyecto de amor, de paz y justicia, de reconciliación universal y de armonía con toda la creación, pero causa separación, porque muchos no lo aceptarán, tal vez por desconocimiento, muchas veces por intereses opuestos, o por simple flojera: “¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra? No, les digo que he venido a traer la división”. La división es posible entre los miembros de una misma familia, con algunos que se adhieren a Jesús y otros no: “De ahora en adelante, cinco miembros de una familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra”.Era la experiencia que ya se vivía cuando Lucas escribía su evangelio; una experiencia ya anunciada a los pocos días del nacimiento de Jesús, cuando fue presentado al templo. El anciano Simeón lo tomó en sus brazos y dijo a la madre: “Mira, éste está puesto para que en Israel unos caigan y otros se levanten, y como una bandera discutida”. Será signo de contradicción. Frente a él no es posible la neutralidad. También la nueva familia que Jesús propone no dependerá de la lógica y los lazos de la sangre, sino de la acogida de su palabra: “Madre y hermanos míos son los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica”. La adhesión al mensaje de Jesús será motivo de unión o de división en el corazón de la misma familia y en la sociedad.



Bernardino Zanella bernardino.zanella@gmail.com
Gustavo M. Llerena gusosm@yahoo.es 


      Lectio Domingo 18 de Agosto       
      “A LA HORA MENOS PENSADA"


El camino de la evolución de la conciencia y la espiritualidad en el amor de Dios está permanentemente boicoteado por nuestra propia mente individual y colectiva: mente que acumula todo el polvo que hemos ido generando a lo largo del tiempo desde antes de la venida de Jesús. No hay garantías de no olvidar, de no caer una y otra vez en la "dormidera" inconsciente en donde la mente plagada de deseos retorna una y otra vez y se vuelve "el señor" de nuestra vida, tentándonos en el poder, el dinero, el sexo sin amor y dejando que toda clase de emociones confusas y negativas apaguen nuestra Luz.

La única forma de retomar el camino perdido una y otra vez es el arrepentimiento de corazón, no mentirnos acerca de quienes somos, no cubrirnos con la piel de la oveja como si nunca hubiese oscuridad en nuestra mente dormida y a su vez sentir esa paz profunda de que "el Padre ha querido darles el Reino": siempre nos estará esperando y ayudando para volver a Casa si de verdad queremos sanar y volver.


     Isabel, City Bell – Argentina  


* * *
Jesús enseña a quienes lo siguen a ser hijos e hijas de Dios, viviendo dos actitudes fundamentales: confianza plena “No temas, pequeño rebaño, que el Padre ha decidido darles el reino”; y docilidad incondicional que se expresa en hacer la voluntad del Padre: “Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”. Esto contrasta con lo que hoy vivimos. Se vive con un profundo sentimiento de orfandad espiritual; esto hace que se viva para ser rico, famoso, tener buena presencia, ser popular, bello; o se expresa en lo contrario, el miedo de ser pobre, desconocido, ignorado, feo. No sentimos, en la práctica, que somos hijos, hijas, de Dios Padre. Esta experiencia es la que Jesús con toda su vida, su ternura, su enseñanza, su entrega total, nos trasmite. 
“Dichosos los criados a quienes el Señor, al llegar, los encuentre en vela: les aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y les irá sirviendo”. Para vivir vigilantes, despiertos, es importante “desacelerarnos”, vivir más despacio, cuidar el silencio, estar más atentos a la llamada del corazón que percibe la presencia del Señor. Y, lo más decisivo es vivir amando: quien ama vive más intensamente, más alegre, despierto a lo esencial. Con frecuencia las religiones, también la católica, nos adormecen; buscar más allá de los ritos y las creencias, ahondar más en nuestra propia verdad y abrirnos al misterio de Dios y su amor paternal es el camino para despertar. 
Aún en medio de una sociedad que tiene puesto el corazón en el dinero, en el éxito o el temor al fracaso, es posible acoger la llamada de Jesús que nos invita a despertar de la indiferencia, el egoísmo, la pasividad o el descuido con que vivimos nuestra fe. La fe es luz que inspira nuestros criterios de actuación, fuerza que nos despierta e impulsa nuestro compromiso de construir una sociedad más humana; la fe es coraje que nos ayuda a superar el miedo de vivir engañándonos, es fuego que quema lo feo e ilumina lo desconocido y nos hace experimentar que somos hijos e hijas de Dios Padre, que en el amor lo sustenta todo.

    Joel, Puerto Aysén – Chile





viernes, 9 de agosto de 2013

“A LA HORA MENOS PENSADA”.

Querido/a Amigo/a:

Te envío un breve comentario sobre el evangelio de este domingo: 

“A LA HORA MENOS PENSADA”.
La reflexión, como siempre, es sólo una sugerencia inicial, para que se pueda elaborar un comentario colectivo, con la experiencia y la reflexión de cada uno. Cada uno puede intervenir y aportar, si quiere y cuando quiere, sus opiniones y reflexiones, que luego serán enviadas a todo el grupo.
ABAJO un aporte-retorno sobre el evangelio del domingo pasado: 
“¡INSENSATO!”.

Un abrazo... P. Bernardino



                   “A LA HORA MENOS PENSADA”                 


Hay personas que no tienen una buena conducta, y su fe se reduce a la esperanza de poder tener al final un momento de arrepentimiento, para conseguir, antes de morir, el perdón de Dios por todos sus errores.
Jesús en cambio pide a sus discípulos el compromiso de vivir bien. El momento final será la conclusión de cómo hemos vivido.




    Leemos en el evangelio de san Lucas 12, 32-48                   



Jesús dijo a sus discípulos: “No temas, pequeño rebaño, porque el Padre de ustedes ha querido darles el Reino. Vendan sus bienes y denlos como limosna. Háganse bolsas que no se desgasten y acumulen un tesoro inagotable en el cielo, donde no se acerca el ladrón ni destruye la polilla. Porque allí donde tengan su tesoro, tendrán también su corazón. Estén preparados, ceñidas las vestiduras y con las lámparas encendidas. Sean como los hombres que esperan el regreso de su señor, que fue a una boda, para abrirle apenas llegue y llame a la puerta. ¡Felices los servidores a quienes el señor encuentra velando a su llegada! Les aseguro que él mismo recogerá su túnica, los hará sentar a la mesa y se pondrá a servirlos. ¡Felices ellos, si el señor llega a medianoche o antes del alba y los encuentra así! Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora va a llegar el ladrón, no dejaría perforar las paredes de su casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre llegará a la hora menos pensada”.

Pedro preguntó entonces: “Señor, ¿esta parábola la dices para nosotros o para todos?”. El Señor le dijo: “¿Cuál es el administrador fiel y previsor, a quien el Señor pondrá al frente de su personal para distribuirle la ración de trigo en el momento oportuno? ¡Feliz aquél a quien su señor, al llegar, encuentra ocupado en este trabajo! Les aseguro que lo hará administrador de todos sus bienes. Pero si este servidor piensa: “Mi señor tardará en llegar”, y se dedica a golpear a los servidores y a las sirvientas, y se pone a comer, a beber y a emborracharse, su señor llegará el día y la hora menos pensada, lo castigará y le hará correr la misma suerte que los infieles. El servidor que, conociendo la voluntad de su señor, no tuvo las cosas preparadas y no obró conforme a lo que él había dispuesto, recibirá un castigo severo. Pero aquél que sin saberlo, se hizo también culpable, será castigado menos severamente. Al que se le dio mucho, se le pedirá mucho; y al que se le confió mucho, se le reclamará mucho más”.

PALABRA del SEÑOR





En el camino hacia Jerusalén, 
una experiencia ejemplar para la formación de los discípulos, Jesús los exhorta a no dejarse seducir por el deseo de las riquezas. La seguridad para el futuro viene sólo de la confianza en el Padre y de la búsqueda de su reino de justicia y de paz. Para tranquilizarlos, Jesús insiste: “No temas, pequeño rebaño”. Los discípulos no constituyen un ejército poderoso, una fuerza irresistible: son sólo un “pequeño rebaño”, sin relevancia y prestigio a los ojos de un mundo hostil, que a menudo los desprecia y se ríe de ellos, pero ellos tienen a Dios como rey, el Pastor fiel. En él descansa su corazón. No hay necesidad de otros tesoros: “donde tengan su tesoro, tendrán también su corazón”. De esta certeza nace la disponibilidad a compartir los bienes: “Vendan sus bienes y denlos como limosna”.



Compromiso de los seguidores de Jesús...
es vivir en una actitud de perenne vigilancia, bien ejemplificada por la imagen de los servidores, “que esperan el regreso de su señor, que fue a una boda, para abrirle apenas llegue y llame a la puerta”. De la misma manera hay que velar, a la espera de un Señor muy particular, que no pide ser atendido por sus servidores, sino que “él mismo recogerá su túnica, los hará sentar a la mesa y se pondrá a servirlos”. Es una evidente alusión a la eucaristía, y a toda la vida de Jesús, que “no ha venido para ser servido, sino para servir”. De él los discípulos aprenden la disponibilidad y el servicio, hasta el encuentro definitivo con su Señor. Si para protejer sus bienes, el dueño de casa estaría dispuesto a velar contra el ladrón, cuanto más lo hará el discípulo para acoger al Señor “a la hora menos pensada”.




El apóstol Pedro sueña siempre con...

el poder y los privilegios. Pregunta a Jesús si esa enseñanza está reservada sólo para algunos. Jesús aclara que cada uno tiene que hacerse responsable del cuidado del hermano. No se dejará llevar por sus instintos, poniéndose “a comer, a beber y a emborracharse”; ni por la sed de poder, dedicándose “a golpear a los servidores y a las sirvientas”.El encuentro último con el Señor será la feliz conclusión de un camino de transfiguración progresiva y de liberación, la plenitud de una vida vigilante y confiada, “ceñidas las vestiduras y con las lámparas encendidas”, trabajando en la construcción del Reino de Dios: “¡Feliz aquél a quien su señor, al llegar, encuentra ocupado en este trabajo!”.







Bernardino Zanella bernardino.zanella@gmail.com
Gustavo M. Llerena gusosm@yahoo.es 


   Lectio DOMINICAL 11 de AGOSTO
                  ¡ INSENSATO !                       

Que buen texto el de este domingo... Siento que es el Evangelio preciso para los momentos que vivimos en la sociedad y en la Iglesia. Por eso tanta desigualdad e injusticia social. El dinero y el poder parecen ser los ejes que mueven las decisiones, pasando por encima de los pobres, los "ninguneados", los que no cuentan, los "nadies" que dice Galeano. Jesús hoy nos invita a ser revolucionarios, a vivir lo que tantas veces predicamos: dejar la avaricia, el egoismo, que en fondo no es más que falta de fe y miedo a perder la seguridad. Si vivimos desde la avaricia somos infelices y amargados. No fuimos hechos para el egoismo; fuimos hechos para el amor. Jesús nos invita a dar un giro total hacia la hermandad, hacia el amor, el compartir, que es lo que más alegra el alma. Hay que dar el salto, entregarse, abandonarse en el Dios providente, que es capaz de darnos todo lo que necesitamos. No es necesario acumular bienes. Es mejor acumular el bien mayor que es el amor. No hay mayor gozo que dar. 

Hoy el mundo, la Iglesia necesitan signos, no sólo palabras, promesas y discursos. El Papa Francisco es en sí mismo un signo de esperanza, ha hecho numerosos llamados a la pobreza, no sólo con palabras, sino con gestos. El es la figura del verdadero siervo humilde, que escucha a su pueblo, que los toca y se deja tocar, que pide al pueblo que ore por él, que se resiste a los privilegios, a los lujos, que prefiere salirse de los protocolos y compartir el mate en la calle. El Papa ha dicho a los obispos que no pueden tener psicología de príncipes. Pero este llamado no es sólo para los obispos. Hay muchos que se creen príncipes y princesas... La Iglesia, el mundo necesitan todo lo contrario: servidores y servidoras de los más pobres. 

     Mònica, El Abrazo de Maipú - Chile


* * * 

Si nuestro cuerpo retuviera todo lo que comemos o bebemos, al cabo de pocos días estaríamos envenenados. Algo así ocurre con el acumular riquezas: es una retención que mata por envenenamiento del alma, es la ruina de todo verdadero amor. “Dile a mi hermano que reparta la herencia conmigo”. 

El ser humano no es sólo un animal hambriento de placer y bienestar. Está hecho también para cultivar el espíritu, conocer la amistad, ser fraterno, agradecer la vida, vivir la solidaridad, buscar su fin último: Dios en su misterio de amor. La riqueza es un poder tremendamente alienante y deshumanizador, pues te priva de todo lo anterior. 

La carta encíclica Lumen fidei, recoge esta definición de idolatría: “Se da idolatría cuando un rostro se dirige reverentemente a un rostro que no es rostro” (13). Esto se refleja con profundidad y fuerza en este evangelio. Sorprendido por una cosecha abundante, el rico de la parábola “se dijo: ¿Qué haré?… Y dijo: Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes en los cuales meteré mi trigo y mis bienes. Después me diré…”. Habla consigo mismo, no dialoga con nadie. Pareciera que no tiene hijos, esposa, hermanos, ni vecinos; menos aún aparecen, en su reflexión, los pobres jornaleros que trabajan sus tierras. Reverente se inclina hacia su riqueza. ¡Necio! Su vida es un fracaso y una insensatez. Acumula bienes, pero no conoce la amistad, el amor generoso que comparte, no sabe agradecer a Dios, sólo acaparar. Y a su muerte, la locura de su vida se traspasará a sus herederos suscitando el problema de la repartición – ¡Cuántas peleas y divisiones por esto! –. ¿Qué hay de humano en esta vida? 

La riqueza puede dar poder, fama, prestigio, seguridad, bienestar; pero esclaviza a la persona y la cierra al misterio de Dios Padre, le hace olvidar su condición de hermano y rompe la solidaridad con los otros. Dios no puede reinar en la vida de quien está dominado por el dinero. Jesús considera que una vida así es una necedad. Cuando Dios se acerca al rico para recoger su vida, se pone de manifiesto que la ha malgastado. Su vida carece de contenido y valor, es paja seca, herrumbre y vanagloria vacía. “Así es el que acumula riqueza para sí y no es rico ante Dios”. 

"Nunca he visto un camión de mudanza detrás de un cortejo fúnebre, nunca" (el Obispo de Roma, comúnmente llamado Papa Francisco). 

   Joel, Puerto Aysén - Chile

* * * 

A pesar de "sabernos" mortales, apostamos a la inmortalidad con todo tipo de "seguros": de robo, de incendio, de salud, de enfermedad, de..., de... ¡hasta de muerte, para poder tener un buen cajón! 

La ciudad y un sistema de consumo nos ha aprisionado en jaulas de oro, y para mantenerlas tenemos que acumular y la vida se nos va en esto. Después nos enfermamos y buscamos algún milagro y le pedimos a Dios. El milagro sería volver a ver (desde mucho antes de esta cadena perniciosa, producto de una perversión en lo que la energía del dinero como intercambio en esta sociedad se ha convertido). Sería volver a ver a Dios en cada pequeña cosa: la maravilla del regalo de habitar estos lugares para aprender desde nuestra dimensión material y corporal, paso a pasito, la dimensión del espíritu y del alma, haciendo uso respetuoso de los bienes, cuidando la tierra que nos los prodiga y no violentándola día a día para sacar más ganancia, observando que nuestras relaciones sean de afecto, solidaridad y respeto y no de posesión. Haciendo obra y no acumulando "por seguridad" o por "las dudas"..., aceptando desafíos que intenten embellecer el pedazo, pedacito que ocupamos y honramos para que otros también lo intenten... 

La relación con el dinero es complicada: nosotros la hemos complicado. No son más que papeles de intercambio pero hemos alimentado la adoración y la meta en la vida de obtenerlo. Y no sólo aquellos que son ricos: todos tambaleamos, aunque con mucho menos cuando se trata de "nuestro dinero". 

Que la infinita misericordia de María y de Jesús ayude a limpiarnos: limpiar nuestra mirada y volverla nuevamente inocente en el tema del dinero, tan pegado al deseo de poder, a la manipulación, a la compra venta de todo como objetos. 

    Isabel, City Bell - Argentina.


* * * 

Esta lectura nos lleva a la reflexión acerca de la importancia que le damos a los bienes materiales en desmedro de los espirituales. ¡Cuánto trabaja la persona hoy para tener más y más, sin compartir lo que tiene, sin pensar en cómo está alcanzando ese exito económico y queriendo guardar y guardar para el mañana! Jesús claramente lo dice en su parábola: “Necio, ya mañana no estarás, ¿de qué te sirvió alcanzar tanto?". Es en ese momento cuando uno dice: ¿De qué vale guardar, trabajar sólo para tener más toda una vida, si no me preocupé de lo más importante que es el guardar tesoros para ese reino prometido, preocuparnos por nuestra alma que sí es el verdadero tesoro y no es perecedero como son las cosas de la tierra? 

Considero esta enseñanza de Jesús tan contemporánea, pues hoy vemos a tanta gente preocupada sólo de tener más y tan alejada de Dios que no se acuerda de su existencia. Ojalá el Señor se apiade de todos nosotros. 

    Sandra, Coyhaique - Chile.


* * * 

Al escuchar este evangelio, iba reflexionando sobre cuál es el sentido profundo de nuestra vida, que se nos da gratuitamente, en donde todo cuanto logramos es por la Gracia de Dios. Claro esto para quienes nos decimos creyentes, pero aún siendo creyentes, nos olvidamos del fin último que es el amor, y por asegurar la vida, por dar un mejor bienestar a la familia, por lograr metas profesionales, descuidamos lo esencial. En algunos se da más que en otros, y también lo vivimos los consagrados, que decimos hacer la opción por Cristo y nos apegamos a nuestros oficios, lugares, pequeños recuerditos, en fin, creo que siempre habrá algo de que renunciar, grande o pequeño; siempre habrá que mirar qué es lo que más he acumulado y para qué. 

Una amiga me compartió una frase de san Agustín, que me hizo reflexionar en cómo estaba usando lo que Dios me daba: "No es feliz el que no tiene lo que desea, pero tampoco es feliz el que tiene cuanto apetece. Sólo se puede ser feliz en la moderación y en la templanza; donde nada sobra y nada falta" (San Agustín). 

Nada debe faltar porque soy capaz de compartir y nada debe sobrar porque lo doy a quien no tiene. Debo aprender. Ojalá hoy pueda dar y compartir aún más. 

    Hilda, Roma - Italia.


* * * 

Este evangelio de San Lucas me atrae, porque me lleva directamente a los valores, tema que ha estado presente siempre en mí y que siento que son indispensables en la vida de las personas. Aunque hoy en día muchos quieran, alejados de Dios, vivir los anti valores. 

La frase: “Insensato, esta misma noche vas a morir”, me remece toda. Aunque, mayormente privilegio el amor al dinero, sin embargo, ¡cuántas veces me encuentro perdida en el desamor!, contestando altanera, no escuchando, negándome a hacer lo que se me pide, haciendo un comentario hiriente, con una actitud egoísta u orgullosa, optando por estar cómoda y calentita en casa por no salir a un llamado, con apegos materiales y afectivos que muchas veces desvirtúan la realidad. Con el agravante de que el tiempo es efímero y que tengo que saber aprovecharlo, porque no sé cuando será mi día y mi hora de partir de este mundo. ¡Cuánto tiempo perdido en pequeñeces y sandeces, sin darlo a lo que realmente vale: caminar a la siga y con El Señor! 

Este evangelio es un llamado, a perseverar en su búsqueda y seguirlo, a reconocer y usar todas las capacidades regaladas por Dios, y por eso esta otra frase: “la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas”. Inclusive, tampoco debo apegarme a las riquezas espirituales, sólo acrecentarlas y usarlas, en mi bien y en el de los demás. 

¡Señor Jesús, con todo mi corazón te pido que no me sueltes, porque soy muy débil! Quiero continuar contra corriente en este mundo alejado de ti, individualista, consumista y materialista, aportando mi testimonio de que tú vives entre nosotros y eres todo amor y misericordia: te lo pido por intercesión de tu madre la santísima Virgen María. 

      Vero, Santiago - Chile




jueves, 1 de agosto de 2013

“¡INSENSATO!”

Querido/a Amigo/a:

Te envío un breve comentario sobre el evangelio de este domingo: 

“¡INSENSATO!”.
La reflexión, como siempre, es sólo una sugerencia inicial, para que se pueda elaborar un comentario colectivo, con la experiencia y la reflexión de cada uno. Cada uno puede intervenir y aportar, si quiere y cuando quiere, sus opiniones y reflexiones, que luego serán enviadas a todo el grupo.
ABAJO un aporte-retorno sobre el evangelio del domingo pasado: “Señor, enséñanos a orar”.

Un abrazo... Bernardino

                                   “¡INSENSATO!”                               

En la sociedad actual, muy a menudo se mide la realización de una persona y su tranquilidad frente al futuro, a partir de la cantidad de bienes que ha acumulado. Dificilmente se toman en cuenta otros valores.

En cambio, leemos en el evangelio de san Lucas 12, 13-21.
Uno de la multitud dijo al Señor: “Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia”. Jesús le respondió: “Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?” Después les dijo: “Cuídense de toda avaricia, porque aun en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas”.
Les dijo entonces una parábola: Había un hombre rico, cuyas tierras habían producido mucho, y se preguntaba a sí mismo: “¿Qué voy a hacer? No tengo dónde guardar mi cosecha”. Después pensó: “Voy a hacer esto: demoleré mis graneros, construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida”. Pero Dios le dijo: “Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?” 

PALABRA  del  SEÑOR



Para caminar con Jesús como discípulos, 
hace falta enfrentarse con diversos obstáculos. Uno de los mayores obstáculos es la avaricia. Por eso la firme exhortación de Jesús: “Cuídense de toda avaricia”.

El pretexto para esta enseñanza nace del pedido de alguien, que se ha acercado a Jesús junto con la multitud. A él no le interesa la palabra del Maestro. Sólo quiere aprovechar la autoridad de Jesús para solucionar en favor propio un conflicto familiar en un asunto de dinero: “Dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia”. Su interés está fijo en los bienes materiales. Jesús rechaza meterse en esa pelea, tan común y tan frecuente en todos los tiempos, y llama la atención sobre la avaricia. El avaro cree que con su actitud logra asegurarse el futuro, pero tiene que aprender que “aun en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas”.



Para aclarar mejor esta enseñanza, Jesús...
agrega una parábola, que presenta la suerte de un hombre rico, “cuyas tierras habían producido mucho”. Frente a tan grande abundancia, los graneros son insuficientes, y no hay lugar para toda la cosecha. De ahí la pregunta: “¿Qué voy a hacer?”. La redacción del evangelio de Lucas quiere provocar la respuesta de la comunidad, para compararla con la respuesta que se da el hombre rico. A él no se le ocurre pensar que la cosecha abundante es don de Dios, que no le pertenece en forma exclusiva. Podría compartirla con todos los que necesitan y tienen derecho a comer y vivir, con los que no tienen tierra, en la construcción de una convivencia fraterna, en que todos sean reconocidos como hermanos. Tal vez Dios quiere saciar el hambre de muchos a través de su solidaridad.


Nada de todo eso pasa por su mente. 
El rico piensa sólo en sí mismo: ¿Qué sería de él sin todos esos bienes? ¿Quién le daría seguridad para el futuro? Sus proyectos son inspirados sólo por su egoísmo: “Demoleré mis graneros, construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes”. Su seguridad es la acumulación de bienes. Puede confiar definitivamente en ellos: “Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida”.

Es una sabiduría que el rico alcanza a través de todo un proceso de reflexión: “Se preguntaba a sí mismo...”, “después pensó...”. Puede ser la sabiduría que tienen algunos de los mismos seguidores de Jesús. Pero no es la sabiduría de Dios: “¡Insensato!”. La riqueza no puede impedir la muerte repentina del hombre rico: “Esta misma noche vas a morir”. Insensato significa que no ha dado sentido a su vida, que la pierde fisica y espiritualmente. Lo evidencia la dolorosa ironía de Dios: “¿Y para quién será lo que has amontonado?”.La conclusión de Jesús es para todos sus discípulos: el seguro de vida no es la cantidad de bienes que uno tiene, sino la capacidad de compartir. El “que acumula riquezas para sí”, echa a perder su vida. Sensato, sabio, es quien “es rico a los ojos de Dios”, que pone su vida en las manos del Padre y la gasta en el servicio y la solidaridad.


Bernardino Zanella bernardino.zanella@gmail.com
Gustavo M. Llerena 
gusosm@yahoo.es

Lectio Dominical 28 de JULIO
    “Señor, enséñanos a orar”    

La oración de Jesús nos abre al misterio de su vida que nos da a conocer al Padre y al secreto de su pasión por el Reino. Es la oración por excelencia, el mejor regalo que nos ha dejado Jesús. 
Los evangelios nos presentan a Jesús orando a su Padre en muchas ocasiones; en su bautismo, antes de escoger a sus discípulos, al multiplicar los panes y los peces, en la sinagoga el sábado, en la última cena, en Getsemaní, en la cruz, por Pedro en particular, por sus discípulos, por todos nosotros. Esa imagen viva de Jesús orante animó a sus discípulos a pedirle que les enseñara a orar como él lo hacía. “Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos”. Desean aprender algo de lo que perciben y que significaba tanto para su Maestro. Y Jesús les enseñó el Padre nuestro como actitud, como pauta, como camino, como fe, confianza e intimidad que nos abre al misterio del Padre para acostumbrarnos desde aquí a vivir en su presencia para siempre. La mejor manera de aprender a orar es contemplar a Jesús orando. 
Quizás muchos hemos vivido la triste experiencia del abandono de la oración, casi sin darnos cuenta llenamos nuestra vida de cosas, actividades y preocupaciones: “Marta, Marta, te preocupas y te inquietas por muchas cosas…”. Siempre tenemos algo más importante que hacer, algo más urgente o “más útil”. ¿Cómo ponernos a orar cuando tenemos tantas cosas en que ocuparnos? Sin darnos cuenta terminamos por vivir “bastante bien” sin necesidad alguna de orar. Sin embargo necesitamos orar para enfrentarnos a nuestra propia verdad. Necesitamos orar para irnos liberando de lo que nos impide ser más humanos. Necesitamos orar para vivir en su presencia, más alegre, agradecidos, dóciles al Espíritu, en actitud de permanente búsqueda del Reino de Dios: lo demás se nos dará por añadidura. En fin, necesitamos orar para vivir en una actitud vigilante en medio de una sociedad superficial y deshumanizadora. 
¡Señor, enséñame a orar! Humildemente comienzo a repetir esas oraciones sencillas que la gente hacía a Jesús: “Señor, que vea”, “Señor, ten compasión de mí, que soy pecador”, “Señor, creo, pero aumenta mi fe”. 
Señor, haz que mi oración no sea un “conquistarte”, un “convencerte”, sino que te descubra como un don en mi vida y en la de los demás. Oh, Señor Jesús, que pueda experimentar en lo profundo de mi ser la verdad de tu palabra: “Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá”. “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino…”. Amén. 

  Joel, Puerto Aysén – Chile 

* * * 
La falta de comunicación en las familias, es y ha sido una de las principales dificultades que ha destruido un verdadero sentido de vida. Desde luego que en la actualidad se está utilizando la comunicación en sentido inverso: para hacer daño, para la criminalización, para que grandes imperios aun intenten apoderarse de los recursos naturales de los más débiles. Si aceptamos que la oración propuesta por el evangelio es una forma de comunicación sincera entre el Padre y el o la hija, nos damos cuenta que el verdadero concepto de comunicación no es correctamente aplicado. 

Pedimos en las dificultades, no reconocemos nuestros errores. Nos interesa pedir el pan sin interesarnos en los demás y tampoco nos interesa participar o pedir que el reino sea de justicia, liberación y solidaridad, y principalmente no hacemos diferencia entre el poder del dinero en nuestras vidas y la propuesta de un reino donde el Padre sea el centro de nuestra vida. 

   Francisco, Potosi – Bolivia 

* * * 
Los discípulos de Jesús más que seguro que oraban al Padre, pero al ver a Jesús que era hijo de Dios y oraba con gran recogimiento y en la soledad de la noche, ellos quizás querían aprender de esa manera, y Jesús, hijo predilecto del Padre, les enseña a orar comenzando por el saludo al Padre Dios. A la vez, dentro de esta hermosa oración viene encerrada toda su enseñanza, toda una pedagogía. El Padre sabe desde siempre nuestras necesidades y nos responde de acuerdo a su plan para nosotros. El es misericordioso y en la oración también nos invita a ser misericordiosos con los demás. Siempre he sentido que cuando rezamos el Padre nuestro nos hacemos niños frente a Dios, porque El es nuestro papá, el que jamás nos va a defraudar. 

   Sandra, Coyhaique – Chile



viernes, 26 de julio de 2013

“SEÑOR ENSÉÑANOS A ORAR”.


  H I M N O                 JMJ Rio 2013  
Participan Martín Valverde, Hna. Glenda, Luis Enrique Ascoy,
Alfareros, Daniel Poli, Sandra Salas, Ziza Fernandes, etc...


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Querido/a Amigo/a:
Te envío un breve comentario sobre el evangelio de este domingo: 
“SEÑOR ENSÉÑANOS A ORAR”.
La reflexión, como siempre, es sólo una sugerencia inicial, para que se pueda elaborar un comentario colectivo, con la experiencia y la reflexión de cada uno. Cada uno puede intervenir y aportar, si quiere y cuando quiere, sus opiniones y reflexiones, que luego serán enviadas a todo el grupo.
Abajo un aporte-retorno sobre el evangelio del domingo pasado: 
“LA MEJOR PARTE”.

Un abrazo... Bernardino

   
      

                        " SEÑOR,  ENSÉÑANOS  A  ORAR "                   


La imagen de Dios que muchos tienen, es la de un ser todopoderoso, que favorece a los que le alaban, y concede según su discrecionalidad los dones que desean a los que se los piden con humildad y perseverancia. 

 En cambio, leemos en el Evangelio de san Lucas 11, 1-13.                    
Un día, Jesús estaba orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: “Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos”. El les dijo entonces: “Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino, danos cada día nuestro pan cotidiano; perdona nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a aquéllos que nos ofenden; y no nos dejes caer en la tentación”.

Jesús agregó: “Supongamos que alguno de ustedes tiene un amigo y recurre a él a medianoche, para decirle: «Amigo, préstame tres panes, porque uno de mis amigos llegó de viaje y no tengo nada que ofrecerle», y desde adentro él le responde: «No me fastidies; ahora la puerta está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados. No puedo levantarme para dártelos». Yo les aseguro que aunque él no se levante para dárselos por ser su amigo, se levantará al menos a causa de su insistencia y le dará todo lo necesario. También les aseguro: pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá. Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá. ¿Hay entre ustedes algún padre que da a su hijo una serpiente cuando le pide un pescado? ¿Y si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquéllos que se lo pidan!”.

PALABRA del SEÑOR.



Una de las enseñanzas extraordinarias que Jesús ...
ofrece en el viaje con sus discípulos hacia Jerusalén, es la forma de orar. Según el evangelio de san Lucas, Jesús enseña la oración como una experiencia que él mismo realiza muchas veces, en los momentos más importantes de su actividad misionera, y que transmite a los discípulos como expresión original que los identifica y los distingue de los discípulos de otros maestros espirituales. Enseña una actitud profunda, un proyecto de vida, no una simple fórmula.


Llamarán a Dios con el nombre de “Padre”. Dios no es un soberano todopoderoso y caprichoso, un dios lejano y castigador. Es el dador de vida: la cuida y la protege. Los hijos e hijas establecen con él una relación de intimidad y confianza: son miembros de su familia. Están llamados a ser parecidos a él, partícipes de su misma vida.

En el evangelio de san Mateo la oración del “Padrenuestro” es más amplia. En Lucas es breve y esencial. Probablemente traduce con mayor fidelidad las palabras mismas de Jesús.




La primera parte, referida a Dios...

pide que “sea santificado” el nombre de Dios y que venga su Reino. El nombre de Dios, y Dios mismo, serán conocidos y bendecidos entre todos los pueblos en la medida en que los discípulos de Jesús sean testigos fieles de su amor y ternura, y que más allá de las limitaciones de ellos, Dios mismo revele su paternidad misericordiosa a toda la humanidad. E invocar la venida del Reino no será una manera para someterse a una dominación, sino la actitud con que el discípulo se dispone a cambiar su vida según el proyecto del Reino y a trabajar para que ese Reino de justicia y de paz se extienda en el mundo, y para reconocerlo en la multiplicidad de las formas en que se manifiesta en las distintas culturas.

La segunda parte de la oración,
referida a la comunidad, pide el pan: “Danos cada día nuestro pan cotidiano”. Que a nadie le falte el pan, y nadie tenga demasiado. Es el pan para una vida digna, de los bienes de la creación compartidos, y el pan que es Jesús, el pan de su palabra y de la eucaristía.

Pedir perdón y ofrecerlo es la forma más alta de confianza y de amor, la característica que hace a los hijos más parecidos al Padre de la misericordia: “Perdona nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a aquéllos que nos ofenden”.



Es difícil vivir siempre como hijos de Dios, 

reconciliados y en paz. Se oponen la fragilidad humana, la fatiga de la perseverancia, la hostilidad que puede venir de los mismos hermanos o de los que se oponen al Reino de Dios. Son pruebas a las que hay que resistir. También Jesús fue sometido a pruebas y tentaciones. Ha podido vencer confiando en el Padre. La misma confianza podrán tener todos sus hijos: “No nos dejes caer en la tentación”.La perseverancia en la oración no tiene la finalidad de presionar y convencer al Padre para que, “a causa de su insistencia”, conceda sus favores a sus hijos: “El Padre de ustedes sabe lo que necesitan antes de que se lo pidan”. La oración perseverante: “pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá”, no pretende modificar el corazón del Padre, que ya está totalmente dispuesto en favor de sus hijos, los ama de un amor infinito y precede todas sus peticiones. La oración irá modificando el corazón del orante, lo dispone a recibir el don de Dios y lo hace entrar siempre más en sintonía con el corazón del Padre, hasta llegar a tener los mismos pensamientos y sentimientos del hijo Jesús. Por eso, el fruto de la oración no será conseguir algún beneficio particular, sino el don del Espíritu: “El Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquéllos que se lo pidan”. Con ese don del Espíritu, con esa energía divina, lograremos realizar nuestra vocación de hijos e hijas, y podremos invocar con toda confianza a Dios como Padre.



Bernardino Zanella     bernardino.zanella@gmail.com
Gustavo M. Llerena     gusosm@yahoo.es 


    Lectio DOMINICAL 21 de Julio     
          "LA MEJOR PARTE"              


No podía pasar sin comentar este pasaje del evangelio. Me gusta tanto María, me siento tremendamente identificada, de verdad que ella se lleva la mejor parte. Vivimos en momentos en que no nos escuchamos, ni siquiera al interior de nuestras familias, la sociedad toda. La fuente de las peleas de la sociedad, los políticos, se encuentra en esta gran incomunicación. Debemos trabajar para volver a escucharnos, reencontrarnos sin célulares, computadores, mp3, etc.

   Margarita, Coyhaique – Chile

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Me imagino siendo Marta, porque uno está apegado a lo terrenal, y no es capaz de mirar más allá. Ahora entiendo que María es la que fue privilegiada sin saberlo, escuchó la palabra del mismo Dios, estuvo al lado del maestro que no estaría aquí por mucho tiempo, entonces fue una discípula, más.hermosa experiencia, que nos enseña el valor de la escucha de la palabra, que es lo esencial para la salvación: conocer a través de la palabra de Jesús a nuestro padre Dios, tan amoroso y acogedor como lo fue Jesús con María en esta lectura.

   Sandra, Coyhaique – Chile

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He tenido unos dias más atareados que los habituales, en que he sido Marta, poniendo en el primer lugar cosas que sí son importantes, pero no lo más importante en mi vida. Pero también he podido calmar mis momentos, gracias a la confianza que tengo en Jesús, y estaba segura que todo saldría bien, con su ayuda. Y que si no era lo que yo esperaba, también estaba dispuesta a aceptar lo que El tuviera dispuesto para mi tía, y para todo mi nucleo familiar.
Espero poder seguir el camino elegido por María y estar siempre atenta a la Palabra, a lo que me está diciendo diariamente, y por supuesto ponerla en práctica. Sólo pido al Señor que aumente mi fe, mi paciencia y mi caridad, y repetirle como siempre: Señor, aquí estoy para hacer tu voluntad.

   Rebeca, Santiago – Chile

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Con respecto a la Palabra, hubieron dos frases que hicieron eco en mí: "María sentada a los pies del Señor" y "Ha elegido la mejor parte".
Como seguidora de Jesús, debo primero que nada sentarme a escucharlo. Sin esto, imposible actuar. Podré realizar mucho, pero si no lo he escuchado primeramente a él podré fallar o hacerlo muy interesadamente; el estar a los pies me hace pensar en la actitud de humildad, no olvidar que él es el Señor, el Maestro y yo su seguidora.
Lo bueno de acoger su Palabra, es que por más que realicemos muchas actividades, no nos será quitado el gusto de escucharlo y de estar con él.
Creo que nuestra iglesia ha dejado de estar a los pies del Maestro, se ha volcado en estructuras, se ha sentido poderosa, con prestigio y se quedó sólo en cumplir con lo estipulado, con "la ley", y dejó de escucharlo sentada a sus pies, con humildad.
Confío y pido a Dios que pueda darnos la gracia de su Espíritu, para que podamos ser verdaderos seguidores de su Hijo, el cual nos dio un testimonio salvaje de coherencia de vida en todo lo que predicaba. Sólo así podremos decir que somos sus discípulos y no sólo de labios, decir que creemos en Dios. Se notará que hemos elegido la mejor parte.

    Hilda, Roma – Italia

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En el evangelio nuevamente Jesús hace mención a la participación de la mujer en su proceso de proclamar un mensaje de liberación. Por supuesto que la mujer es parte importante de las propuestas que va comunicando y practicando. Lamentablemente por siglos y siglos en diferentes culturas, la mujer ha sido excluida de muchas tareas que han sido escondidas para ella y sólo otorgadas a los varones, y por medio de estas actitudes del machismo se han creado condiciones de dominación a través de la explotación sexual, el acoso en diferentes formas y las actitudes de violencia en todos los ámbitos de la sociedad. Gran parte de estas actitudes discriminadoras desde la época del oscurantismo de la edad media realiza la iglesia católica, que no permite a la mujer ejercer un sacerdocio pleno al que todos los humanos estaríamos habilitados. En el evangelio Jesús da una propuesta que debería ser practicada, no sólo proclamada en una homilía.


    Francisco, Potosí – Bolivia

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¡Los deberes! Los deberes nos han hecho perder el corazón de la religión, de la contemplación, de la pacificación, de la búsqueda de la Verdad. Hemos dejado de ver el bosque para ver sólo el árbol. Cumplir para ganar, cumplir para ser mejor que otro o mejor que mi mismo inclusive, el perfeccionamiento a través del "hacer". En todos los órdenes: familiar, profesional, laboral, social. La mente super estimulada nos ha llevado a esto, y el rezo, la común-unión, la espiritualidad no tienen que ver con esto. Nadie se recibirá de nada por hacer más. Y no es que no haya que cumplir con determinadas responsabilidades, eso claro, hay que hacerlo. Pero eso no es la garantía de nada sino hay Amor. Todo puede ser hecho con el único objetivo de que seamos reconocidos por alguien o por algo. Cuando sientes el roce de la Verdad, la quietud y el silencio, la meditación y la oración es lo único necesario para impregnarse de ese roce. Y María estaba nada menos que sentada con la Verdad, frente a ella, que le recordó como un espejo que todos somos parte de ello. Y se sentó a embeberse..., a sentirlo, a embelesarse, a contemplarlo y escucharlo.

   Isabel, City Bell – Argentina






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