"ÁMENSE LOS UNOS A LOS OTROS"

jueves, 21 de marzo de 2013

“CAMINO A JERUSALÉN".

Querido/a Amigo/a:

Te envío un breve comentario sobre el evangelio de este Domingo de RAMOS 2013: 

“CAMINO A JERUSALÉN".

La reflexión, como siempre, es sólo una sugerencia inicial, para que se pueda elaborar un comentario colectivo, con la experiencia y la reflexión de cada uno. Cada uno puede intervenir y aportar, si quiere y cuando quiere, sus opiniones y reflexiones, que luego serán enviadas a todo el grupo.
Después un aporte-retorno sobre el evangelio del domingo pasado: 

“EN FLAGRANTE ADULTERIO”.

Un abrazo... P. Bernardino



              “CAMINO A JERUSALÉN".            


Muchas tradiciones religiosas tienen como herencia y patrimonio la idea de un Dios grande y glorioso. Y la grandeza de Dios superaría infinitamente la grandeza de todos los hombres y de todas las cosas, pero en el fondo se trataría de los mismos criterios de la grandeza humana, llevada al extremo en Dios.

En cambio, para los cristianos, lo que podemos conocer de Dios lo sabemos a través de Jesús, y él nos transmite una imagen de Dios bien diferente.

 Leemos en evangelio de san Lucas 19, 28-40                                            


Jesús, acompañado de sus discípulos, iba camino a Jerusalén. Cuando se acercó a Betfagé y Betania, al pie del monte llamado de los Olivos, envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: “Vayan al pueblo que está enfrente y, al entrar, encontrarán un asno atado, que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo; y si alguien les pregunta: ¿Por qué lo desatan?, respondan: El Señor lo necesita”. Los enviados partieron y encontraron todo como Él les había dicho. Cuando desataron el asno, sus dueños les dijeron: “¿Porqué lo desatan?”. Y ellos respondieron: “El Señor lo necesita”. Luego llevaron el asno adonde estaba Jesús y, poniendo sobre él sus mantos, lo hicieron montar. Mientras El avanzaba, la gente extendía sus mantos sobre el camino. Cuando Jesús se acercaba a la pendiente del monte de los Olivos, todos los discípulos, llenos de alegría, comenzaron a alabar a Dios en alta voz, por todos los milagros que habían visto. Y decían: “¡Bendito sea el Rey que viene en nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!”. Algunos fariseos que se encontraban entre la multitud le dijeron: “Maestro, reprende a tus discípulos”. Pero Él respondió: “Les aseguro que si ellos callan, gritarán las piedras”.

PALABRA de DIOS



Al concluir su predicación en Galilea...
Jesús “endureció su rostro” y emprendió decididamente su viaje hacia Jerusalén, donde tenía que cumplirse su éxodo, su pasión, muerte y resurrección. A lo largo del viaje él va demostrando cuál es su misión, e indicando el camino que deben recorrer los que caminan con él, los que quieran ser sus discípulos y discípulas. Cuando llega cerca de Jerusalén, prepara cuidadosamente su ingreso a la capital. Es la meta de su viaje. En Jerusalén realizará su última manifestación, que se concluye fuera de la ciudad, en el monte Calvario.


 Es el tiempo en que llega a Jerusalén...
una muchedumbre inmensa de peregrinos, para celebrar la fiesta de la Pascua. En ese momento reviven las esperanzas mesiánicas, que las distintas corrientes cuidaban y alimentaban. Algunos soñaban con un Mesías poderoso y guerrero, otros con un Mesías juez, o sacerdote, o rey… Jesús se inserta en el flujo de los peregrinos y de sus sueños mesiánicos, pero aclara cuál es el tipo de mesianismo que él realiza. Envía a dos discípulos para que le traigan un asno, y montado en él entra en la ciudad. No es la cabalgadura de los conquistadores, que entraban gloriosamente con sus caballos en las ciudades sometidas. El burro en ese tiempo servía para arar, para traer la cosecha del campo, útil en todos los trabajos, era la extensión de los brazos del hombre, estaba al servicio de la vida, no de la guerra y de la muerte, como los caballos. Lucas insiste en subrayar que el asno está ‘atado’, “que nadie ha montado todavía”. Ningún jefe militar, civil, religioso, se había subido en él, había hecho la opción de humildad y servicio de Jesús. Él lo elige, para indicar la originalidad de su mesianismo. Es el Mesías anunciado por el profeta Zacarías: “Mira a tu rey que está llegando, justo, victorioso, humilde, cabalgando un burro, una cría de burra. Destruirá los carros de Efraín y los caballos de Jerusalén; destruirá los arcos de guerra y proclamará la paz a las naciones” (9, 9-10): un mesías siervo, que trae la paz. Entra en la ciudad para entregar su vida.



Tal vez algún discípulo lo habrá parcialmente entendido. Muchos otros lo proyectan dentro de sus expectativas mesiánicas nacionalistas: “la gente extendía sus mantos sobre el camino”. Todos proclaman: “¡Bendito sea el Rey que viene en nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!”.


El grito del pueblo molesta al poder...
Algunos fariseos le exigen a Jesús: “Maestro, reprende a tus discípulos”.Jesús sabe bien que no se puede acallar la buena noticia: “Les aseguro que si ellos callan, gritarán las piedras”. Gritará sobre todo la piedra “muy grande” que tapaba el sepulcro, cuando será removida para anunciar la fuerza irresistible de la resurrección.


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 DOMINGO 5to de CUARESMA 2013                                                          
“EN FLAGRANTE ADULTERIO”.

La mejor y más auténtica visión de este evangelio la he sentido al leer el libro de Osho (El significado oculto de los Evangelios, Editorial Edaf, págs. 113 a 139. Y de él la manera que cuenta la hermosa imagen de Jesús escribiendo en la arena con su dedo. Sólo cito esto, pero en realidad recomiendo su lectura completa:

"El que de ustedes no tenga pecado que tire el primero una piedra". Así pues, empiecen, pero sólo aquellos que estén sin pecado. Esto es una nueva aportación de Jesús. Sólo puedes juzgar si no estás en pecado. Sólo puedes castigar si no has pecado. Si estás en el mismo barco, ¿cuál es el punto?, ¿quién va a castigar a quién? Y nadie está libre de pecado. La diferencia entre pecado y crimen es sólo el hecho, llevar a cabo el pensamiento. Pero Dios lee nuestros pensamientos, para él no existe ninguna diferencia, tanto si lo piensas como si lo haces es lo mismo. En el momento que lo piensas ya lo has hecho.

Entonces (esto lo digo yo),¿juzgar a otro mientras que nosotros estamos en permanente pecado? Y desde la más absoluta inconsciencia.

Contrición, perdón, limpieza y re-direccionamiento de nuestra mente. Y el pecado: la dualidad, pensar y vivir y sentir de maneras diferentes, irá descendiendo, teniendo menos fuerza, menos alimento y así poco a poco podremos reconocernos como hermanos y vivir un poco más en paz.


 Isabel, Citybell, La Plata – Argentina

* * *

Jesucristo emplea las mismas palabras con nosotros, cada vez que nos caímos, para darnos cuenta de nuestra fragilidad, sabiéndonos creaturas delante de él. Cuan importante es reconocerlo, porque debemos actuar de la misma manera con los demás como él actúa con nosotros. El perdón es liberador, no me esclaviza, ni ata a las personas. Sólo el amor del Señor que uno siente, es capaz de ayudarnos a perdonar al otro. Debemos ser consecuentes en nuestra vida. Le pedimos al Señor que nos perdone y no somos capaces de perdonar a los que conviven con, nosotros. Por eso nos dice que tiremos la piedra primero, para que veamos nuestra vida y aprendamos a ser misericordioso con los demás cómo El es con nosotros.



  María Teresa, Santiago – Chile

* * *

Jesús acoge a la pecadora con infinita misericordia, porque él es así. Los acusadores son estrictos para hacer cumplir la ley y tienden una trampa a Jesús: si perdona a la pecadora, le acusarán de no cumplir la Ley. Y si aplica la ley, le acusaran de "asesino" o inmisericorde.

Se fijan en el pecado ajeno y no hacen caso de su propio pecado, se creen los buenos. Condenan sin compasión tanto a Jesús como a la mujer; con hipocresía y maldad se retiran de la presencia liberadora de Jesús, con sus pecados, no se arrepienten. Jesús, dándose cuenta de sus intenciones, les devuelve la acusación y así quedan desenmascarados. Perdona a la mujer y le dice que no vuelva a pecar; recomienda que cambie de vida, no la acusa, la comprende. La rehabilita como hija de Dios. Esa es la misericordia de Dios que actúa por medio de Jesús.

Así debo aprender a no juzgar ni ver los pecados de los demás, ni fijarme en sus defectos, mas al contrario, pedir a Dios misericordia, aprender a perdonar.

  
 Silvia, La Paz –Bolivia

viernes, 15 de marzo de 2013

“EN FLAGRANTE ADULTERIO".




Querido/a Amigo/a:

Te envío un breve comentario sobre el evangelio de este Domingo 5to de CUARESMA:

“EN FLAGRANTE ADULTERIO".

La reflexión, como siempre, es sólo una sugerencia inicial, para que se pueda elaborar un comentario colectivo, con la experiencia y la reflexión de cada uno. Cada uno puede intervenir y aportar, si quiere y cuando quiere, sus opiniones y reflexiones, que luego serán enviadas a todo el grupo.

ABAJO, un aporte-retorno sobre el evangelio del domingo pasado: “COMAMOS Y FESTEJEMOS”.

Un abrazo...P. Bernardino


        “EN FLAGRANTE ADULTERIO".         

Construir un mundo solidario, justo, fraterno, en que la misericordia y el perdón no sean formas de impunidad y complicidad, sino el camino para el reencuentro y el diálogo, tendría que ser el compromiso no sólo de los que tienen fe en Dios, sino de cada persona que quiera realizar plenamente su humanidad. 


 Leemos en evangelio de san Juan 8, 1-11:

Jesús fue al monte de los Olivos. Al amanecer volvió al Templo, y todo el pueblo acudía a Él. Entonces se sentó y comenzó a enseñarles. Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio de todos, dijeron a Jesús: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y Tú, ¿qué dices?”. Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo. Como insistían, se enderezó y les dijo: “Aquél de ustedes que no tenga pecado, que arroje la primera piedra”. E inclinándose nuevamente, siguió escribiendo en el suelo. Al oír estas palabras, todos se retiraron, uno tras otro, comenzando por los más ancianos. Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí, e incorporándose, le preguntó: “Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Nadie te ha condenado?”. Ella le respondió: “Nadie, Señor”. “Yo tampoco te condeno – le dijo Jesús –. Vete, no peques más en adelante”. 
PALABRA del SEÑOR


Este texto de la mujer adúltera...
no ha encontrado fácil acogida en el evangelio. Ha nacido probablemente en el evangelio de san Lucas, y ha sido integrado tardíamente en el evangelio de san Juan. Ha quedado censurado por mucho tiempo, porque era difícil aceptar, también de parte de sus discípulos, una actitud de Jesús tan misericordiosa.

Mientras Jesús estaba enseñando...
en el templo, sentado en medio del pueblo, “los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio”. Traen sólo a la mujer, sin el hombre, aunque la ley mandaba: “Los dos adúlteros serán castigados con la muerte” (Lev 20, 10), “han de morir los dos” (Dt 22, 22).

No los mueve el celo por...
el cumplimiento de la ley: “Así extirparás la maldad de ti”. Las autoridades religiosas se dan cuenta que Jesús llega con su mensaje al corazón de la gente, y no pueden permitirlo, porque amenaza su sistema de poder y sus intereses. Por eso la mujer adúltera es la mejor oportunidad para “ponerlo a prueba”: “Moisés, en la ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres”. Acusan a la mujer, pero apuntan a Jesús mismo. Si también Jesús condena a la mujer, destinándola, según la ley, a una terrible muerte a pedradas, está en contra del pueblo; si no la condena, está en contra de la ley. Una trampa perfecta: “Y tú, ¿qué dices?”. No se le pregunta nada a la mujer, no se la interroga, no importa lo que siente, lo que sufre, lo que piensa. La mujer es sólo usada. 


Jesús no responde nada...
sólo “comenzó a escribir en el suelo con el dedo”. Es lo único que Jesús escribió en su vida ¿Qué habrá escrito en la arena? Tal vez el pecado de la mujer, para que lo borrara el viento de la misericordia. O los pecados de los que la acusaban. 

Al fin, “como insistían”, dictó la inesperada sentencia: “Aquél de ustedes que no tenga pecado, que arroje la primera piedra”. No va en contra de la mujer, ni en contra de la ley. Reenvía a todos a su propia conciencia: “Yo les digo que quien mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón” (Mt 5, 28). Los acusadores son acusados por su misma conciencia. Nadie sin pecado. Y se van: “Todos se retiraron, uno tras otro, comenzando por los más ancianos”. Son los ancianos del Sanedrín, y tal vez para Lucas es un llamado de atención para los presbíteros de la comunidad. “Jesús quedó solo con la mujer”: los hombres de las piedras se han retirado. Delante de la mujer queda sólo la infinita ternura de Jesús, que le habla: “¿Nadie te ha condenado?... Yo tampoco te condeno”. Jesús no relativiza el error de la mujer, no niega su gravedad. No hay ninguna complicidad en sus palabras. Sólo le devuelve toda su dignidad y le entrega su vida en sus manos: “Vete”. Podría seguir su camino equivocado. Jesús simplemente la invita: “No peques más en adelante”. Si quiere, ahora tiene la posibilidad de una vida nueva. Las piedras habrían podido destruir su vida; la misericordia puede cambiarla.





 

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DOMINGO 4to de CUARESMA 10 / 03 / 2013
"Comamos y festejemos"


El capítulo 15 de Lucas es una parábola en tres escenas. Es el centro del evangelio: Dios como Padre misericordioso, que se estremece de alegría cuando ve que regresa a casa el hijo más lejano, e invita a todos a alegrarse con Él. La parábola muestra que su amor no es proporcional a los méritos sino a la miseria. Por eso, sólo los primeros invitados, que creen tener derecho a la salvación, se excluyen de ella (Lc 14, 15-23). El capítulo 15 se dirige al justo, para que no quede vacío su puesto en la mesa del Padre: debe participar en la fiesta que Él celebra por su hijo perdido y encontrado. Por ello la parábola habla de conversión; pero no del pecador que vuelve a la justicia, sino del justo invitado a ser misericordioso.

Las tres escenas parecieran tener una resonancia con los tres llamados al banquete (14, 15-23). La de la oveja extraviada corresponde al segundo llamado, que se dirige a las ovejas perdidas de Israel; la de la dracma corresponde al tercer llamado, que se dirige a los paganos; queda vacío el puesto del que fue llamado primero, el Israel de la Ley. Quizás por ello el Padre solo le habla a él; nosotros tenemos al Hijo, a él debemos escuchar (cf Lc 9, 35).

La parábola nos revela al Padre y su amor sin condiciones a los hijos, su gran alegría al ser comprendido como Padre.

La conversión no es tanto un proceso psicológico del pecador que vuelve a Dios, sino más bien el cambio de la imagen de Dios que el justo y el pecador deben realizar. Convertirse significa descubrir su rostro de ternura que Jesús nos revela, volverse del yo a Dios, pasar de la desilusión del propio pecado – o de la presunción de la propia justicia – a la alegría de ser hijos del Padre. La raíz del pecado es la mala opinión acerca del Padre, opinión que es común tanto al mayor como al menor. El menor para liberarse de Él, instaura la estrategia del placer a reventarse que le lleva a alejarse de Él. El otro, para ganárselo, instaura la estrategia del deber, con una religiosidad servil, que sacrifica la alegría de vivir. Un ateo religioso aferrado al legalismo. Ambas situaciones tienen una fuente común: la falta de conocimiento de Dios. Tienen de Él la idea de un faraón opresor.

La parábola tiene como primera intención la de llevar al hermano mayor a aceptar que Dios es misericordia. Es un descubrimiento gozoso para el pecador, y es una derrota mortal para el justo. Pero sólo así puede salir de la condenación que es propia de una religión servil, y pasar, como Pablo, de la irreprensibilidad en la observancia de la ley, a la sublimidad del conocimiento de Jesucristo, su Señor (Flp 3, 4-8). Es la conversión: de la propia justicia a la misericordia de Dios. No deja de ser importante que sólo el hijo menor lo llama siempre Padre; el mayor nunca lo hace, a regañadientes reconoce al pecador como hijo, pero no como hermano suyo. Luego, ¿quién es el verdadero pecador? Podrá decir Padre a Dios cuando diga al otro: ¡hermano mío!

Somos amados por el Padre, no porque seamos buenos, sino porque Él es Padre y es bueno, pero nuestra invitación es ser como el Padre (cf Mt 5, 48). “En esto consiste la vida eterna: en conocerte a ti, el único Dios verdadero, y a tu enviado Jesús el Mesías” (Jn 17, 3).


 Joel, Puerto Aysén – Chile

* * *

Soy esa hija prodiga, que ha vuelto a la casa de mi Padre, el reconocer que él me da la libertad, y yo elijo quedarme o alejarme, y permite la separación, para que aprenda a descubrir lo que significa en mi vida estar sin su compañía. Al volver no me recrimina, sólo me acoge como un Padre que está a la espera me di regreso, para levantarme y para lo quiera con un amor desinteresado, porque reconozco todo lo bueno que tenía junto a él, y lo hago por amor y no por interés.

Muchas veces como iglesia actuamos como el otro hijo, donde queremos que nos reconozcan todo lo que hacemos a los ojos de los demás y no en lo escondido entre él y yo; en el cumplimiento del deber, no por amor. Debemos hacerlo todo por nuestro Padre, que se entrega por mí, para mi salvación y nos va dando a cada uno según nuestras necesidades, para nuestro crecimiento espiritual, sin forzarnos a nada, poniendo nuestra voluntad en querer estar con él, para caminar como hijo/a que somos de un mismo Padre.


 
 María Teresa, Santiago – Chile 


* * *

El dinero es siempre la representación del poder, y a través de los tiempos las diferencias entre ricos y pobres se han estructurado para tener más poder y más poder de cualquier manera. La enseñanza del evangelio nos muestra en primer lugar la ambición del joven por la herencia monetaria, pensando que va a lograr su felicidad, pero ella es tan corta por que la ostentación del dinero hace que los hombres lo pierdan todo en poco tiempo. ¿Qué se puede pensar cuando se ha perdido todo, a quién acudir? Sólo un padre bueno no se fijará en buscar culpabilidad ni pedirá cuentas. Sólo abrazará al hijo y le perdonará.

El otro hijo también es egoísta: teniendo todo, quiere más. La ambición destruye los lazos familiares. 


Francisco, Oruro – Bolivia

* * *

Ojala yo pudiera decir comamos y festejemos, porque al fin he aprendido a vivir en el amor de Dios Padre. Ese que es gratuito, que no cuestiona, ni enjuicia, que no pide condiciones ni beneficios, ese que es gratuidad, don divino: el que me despoje definitivamente de mis estructuras, acondicionamientos y prejuicios arraigados muy dentro de mí a través de los años, impidiendo la total liberación de mi voluntad y espíritu… Vivir el amor al estilo del Padre.

Sin embargo, reflexionar las palabras del Señor a San Pablo: “Te basta mi gracia; mi fuerza actúa mejor donde hay debilidad”, me ayuda a perseverar en este camino de conversión, porque el Padre Dios no me abandona, ha sido y es infinitamente amoroso y misericordioso conmigo. Soy yo la que tengo que abandonarme a él, sólo abandonarme.

¡Señor, concédeme oírte y verte en mis hermanos para amarte y ser toda tuya! 


   Verónica, Santiago – Chile 

* * *

Cuando era niño tuve la oportunidad de oír por primera vez esta parábola. Me identifiqué con el hermano mayor, era evidente: ¿Cómo era posible que el hermano malo, el que se había ido, el que volvía después de haber gastado todo, fuese recibido con aprecio, con honores? No era correcto, contradecía la visión humana de lo justo: nos portamos bien, somos recompensados; nos portamos mal, somos castigados. Sencillo y claro. Y hasta ahora, se nos va la lengua, queremos racionalizar, entender, interpretar la mente de Dios. No llegamos, no podemos, quedamos chiquitos. Vano el atrevimiento de juzgar y pronosticar castigos y premios. Es que no sabemos. Podemos intuir que Dios es muy bueno, que su corazón es muy grande, mas nada más.

Se me viene a la mente: “Ámense como yo los he amado”, fuerte, no es el amor humano, no es amarse como nos amamos primariamente, filialmente, sexualmente, No. Ahí entra el Espíritu Santo, ahí lo necesitamos, para recibir ese Don, el Amor de Dios, ese amor inmenso que nos libera de las cadenas de la materia y que nos permite fluir en la paz y la verdad que hacen al camino del Padre. Pequeños momentos en que gracias a la gracia del Padre podemos entender lo que acabo de describir. La tarea: extender esos momentos, buscar que lo de esporádico se vaya dando en forma regular. Ojala la vida alcance. 


 Iván, Oruro – Bolivia 


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viernes, 8 de marzo de 2013

“COMAMOS Y FESTEJEMOS”.

Querido/a Amigo/a:

Te envío un breve comentario sobre el evangelio de este domingo: 

“COMAMOS Y FESTEJEMOS”.

La reflexión, como siempre, es sólo una sugerencia inicial, para que se pueda elaborar un comentario colectivo, con la experiencia y la reflexión de cada uno. Cada uno puede intervenir y aportar, si quiere y cuando quiere, sus opiniones y reflexiones, que luego serán enviadas a todo el grupo.

Abajo veras un aporte-retorno sobre el evangelio del domingo pasado con comentarios desde diferentes realidades: “SI NO SE CONVIERTEN”.

Un abrazo...P. Bernardino OSM


       “COMAMOS Y FESTEJEMOS”.         

En nuestras relaciones humanas, difícilmente llegamos a un nivel de verdadera gratuidad. También en el amor más puro y sincero, hay siempre algo de interés, o al menos de gratificación. 

Una parábola del evangelio de san Lucas 15, 1-3. 11-32, nos hace ver la gratuidad del amor de Dios:

Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo. Pero los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: “Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos”. Jesús les dijo entonces esta parábola:

Un hombre tenía dos hijos. El menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte de herencia que me corresponde”. Y el padre les repartió sus bienes.Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida inmoral. Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones. Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos. Él hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba. Entonces recapacitó y dijo: “¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre! Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra él Cielo y contra ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros”. Entonces partió y volvió a la casa de su padre.

Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente, corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó. El joven le dijo: “Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo”. Pero el padre dijo a sus servidores: “Traigan enseguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos, porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado”. Y comenzó la fiesta.
El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza. Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó qué significaba eso. El le respondió: “Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo”.Él se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara, pero él le respondió: “Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos. ¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!”. Pero el padre le dijo: “Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo. Es justo que haya fiesta y alegría, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado”.

PALABRA del SEÑOR




Lucas, en el capítulo 15 de su evangelio...
presenta tres parábolas, que nos hablan de la misericordia y ternura de Dios: la oveja perdida, la moneda perdida, y el hijo pródigo. Las introduce con una observación que sirve como clave de lectura. Hay dos grupos: “los publicanos y pecadores”, que “se acercaban a Jesús para escucharlo”; y “los fariseos y los escribas”, que “murmuraban, diciendo: Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos”. Los dos grupos son representados en las parábolas, sobre todo en la del hijo pródigo.

Esta última parábola es muy conocida. Podría llamarse, más propiamente, de los dos hijos, o del padre y los dos hijos.

Frente a la exigencia del hijo menor, que pide “la parte de herencia que le corresponde”, el padre no opone resistencia. Respeta plenamente la libertad del hijo, aunque sepa que la va a usar mal. Y el hijo menor se va de la casa.



¿Por qué se va? ...
¿Por qué se van tantos jóvenes? La parábola no lo dice explícitamente. Puede ser simplemente para una vida más cómoda, sin ningún compromiso. Para pasarla bien. O buscando algo que la casa ya no le da, para conocer y experimentar el mundo. Y hay sin duda un motivo que aparece al final: tenía a un hermano, perfecto cumplidor de todas las órdenes del padre, arrogante y orgulloso, juez pesado. Los dos hermanos no se aman, ni aman al padre.

El menor “se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida inmoral”. Llega a tal abismo, que tiene que ponerse a “cuidar cerdos”, animales considerados impuros. Y es menos que ellos: “hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba”.

Constata: “Yo estoy aquí muriéndome de hambre”. Es hambre física, y es tal vez hambre de algo que pueda responder a la búsqueda de su vida, después de haberla desperdiciado con tantas experiencias que no habían podido satisfacerlo.

“Entonces recapacitó”...
Pero su recapacitación es muy ambigua. No extraña al padre. No piensa en su dolor. No tiene deseo de verlo. No está arrepentido de verdad. El pensamiento que lo mueve es muy interesado: yo me muero de hambre, mientras que “los jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia”. No sueña con la casa paterna, sino con el pan que pueda saciar su hambre. Decide regresar para comer, no para encontrar al padre. La misma confesión que prepara no es sincera, aunque diga la verdad. Le interesa la conclusión: “Trátame como a uno de tus jornaleros”. Ellos comen: quiero comer como ellos.






En la medida que vayamos entendiendo... realmente la actitud del hijo, se nos revela más claramente la figura del padre, que es el objetivo de esta parábola. Jesús la propone para responder a las críticas de los escribas y fariseos que le reprochaban su familiaridad con recaudadores de impuestos y pecadores. El Dios que Jesús revela con sus gestos, es como el padre de la parábola. En la parábola, cuando regresa el hijo, el padre no pregunta nada, ni quiere escuchar su confesión. Simplemente “lo vio” cuando aun estaba lejos, “se conmovió”, “salió corriendo”, “se le echó al cuello”, “lo cubrió de besos”.

No es el arrepentimiento y la confesión, sino el amor gratuito del padre que devuelve al joven su dignidad de hijo: “Saquen en seguida el mejor traje y vístanlo; pónganle un anillo en el dedo y sandalias a los pies”.

Un detalle muy importante: 
el padre de la parábola nunca le dirige la palabra al hijo pródigo. Calla cuando el hijo pide su parte de herencia, y se la da. Calla frente al hijo que regresa después de haber desperdiciado todo e intenta su confesión. Habla sólo a los criados y al hijo mayor, para invitarlos a hacer fiesta. Para con el hijo pródigo el padre tiene sólo gestos concretos de respeto y de bondad. Vence con su amor silencioso. Así es Dios.No lo entiende el hijo mayor, por el cual el padre es sólo un patrón que manda, que no regala ni “un cabrito”. Desearía hacer una fiestita con sus amigos, pero no sabe unirse a la fiesta y a la alegría inmensa del padre por el hijo que “estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado”. Representa a “los fariseos y los escribas” de todos los tiempos. No conoce el amor del padre.





 
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COMENTARIO DEL 3ER DOMINGO DE CUARESMA 2013

"SI NO SE CONVIERTEN"

Creo que el Señor es muy claro con su llamado, con el camino que nos muestra hacia la conversión, a entregar nuestra vida a su plan. Nosotros somos los que hacemos muchas veces oídos sordos a su llamado, no queremos ver sus señales. Tantas veces nos creemos dueños de nuestros destinos, capaces de decidir nuestro futuro. Ahí es cuando caemos en pecado. Debemos entregarnos a su servicio y seremos bendecidos generosamente.


   Raquel, Estados Unidos de América 

* * *

La conversión es un cambio de vida, con la mirada puesta en el Señor, sabiéndonos creaturas e hijos de nuestro Padre. El resto, él lo ira haciendo, en la medida de nuestra abertura de corazón y a su palabra. Las cosas que nos van sucediendo a lo largo de nuestra vida, son una consecuencia de nuestras actitudes y a la forma en que vivimos. Es por eso que el Señor va cortando lo que no da fruto, y todo corte significa dolor, para que seamos transformados, para llegar a ser la transparencia del Señor, en la medida que nos vamos dejando purificar por él. La vida que el Señor nos da a cada uno/a, es el tiempo que tenemos para nuestra conversión, y la preparación de encontrarnos cara a cara con él, en la Patria definitiva.


               María Teresa, Santiago – Chile 

* * *

Dar otra dirección a la mente, es lo más sabio que he escuchado sobre la "conversión" y es la primera vez que lo escucho de labios de alguien de la iglesia. A mí me cuesta mucho recubrir de frescura y espontaneidad a la Palabra tantas veces manipulada por la iglesia, usada como dominio sobre las almas... Pecado, tengo entendido, significa equivocación. Pecado, conversión, arrepentimiento, culpa, me han lastimado tanto en mis años ingenuos, me han estafado tanto, que la reconciliación se me hace cuesta arriba. Sin embargo la paciencia y el cuidado de lo divino arriba y la lucecita en cada uno hace que podamos dejar de estar enfrentados, y buscar un camino de reconciliación sana, en el espíritu. La palabra es tan poderosa como la mente de la que proviene y puede construir o destruir, esclavizar o liberar, y los hechos históricos y los cotidianos dan sobrada muestra de ello. Limpiar la palabra en cada uno, redireccionar nuestras mentes hacia la Creación como dignos hijos creados y creadores.


      Isabel, Citybell. La Plata – Argentina 

* * *

Creo que debemos aprovechar más el tiempo para poder regresar a Dios. Nos perdemos en tantas cosas, ideas, cuestionamientos y divagamos en miles más, siendo que lo esencial es poder volvernos a él, caminar siguiendo sus enseñanzas. Es un texto muy motivador, que nos muestra la paciencia de Dios en esperar que demos frutos. Ojala pueda en el día a día regresar a él y dar los frutos que espera de mí.


           Hilda, Lloleo – Chile


jueves, 28 de febrero de 2013

"SI NO SE CONVIERTEN"



Querido/a Amigo/a:

Te envío un breve comentario sobre el evangelio de este 3er domingo de CUARESMA:
“SI NO SE CONVIERTEN”.

La reflexión, como siempre, es sólo una sugerencia inicial, para que se pueda elaborar un comentario colectivo, con la experiencia y la reflexión de cada uno. Cada uno puede intervenir y aportar, si quiere y cuando quiere, sus opiniones y reflexiones, que luego serán enviadas a todo el grupo.

Un abrazo...P. Bernardino



            "SI NO SE CONVIERTEN"           

Muchos piensan que las calamidades o los accidentes que se pueden dar en la vida diaria, son enviados por Dios, para castigar las culpas de una persona o de la sociedad que se va alejando de Dios. Jesús nos ofrece otra interpretación.



  Leemos en el evangelio de san Lucas 13, 1-9                       

En cierta ocasión se presentaron unas personas que comentaron a Jesús el caso de aquellos galileos, cuya sangre Pilato mezcló con la de las víctimas de sus sacrificios. El les respondió: “¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera. ¿O creen que las dieciocho personas que murieron cuando se desplomó la torre de Siloé, eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera”. Les dijo también esta parábola: “Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar frutos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: ‘Hace tres años que vengo a buscar frutos en esta higuera y no los encuentro. Córtala, ¿para qué malgastar la tierra?’. Pero él respondió: ‘Señor, déjala todavía este año; yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré. Puede ser que así dé frutos en adelante. Sino, la cortarás”.


PALABRA del SEÑOR



Algunas personas informan...
a Jesús sobre un hecho que manifiesta la crueldad de la dominación romana en Palestina: “el caso de aquellos galileos, cuya sangre Pilato mezcló con la de las víctimas de sus sacrificios”. No se sabe con qué intención fueron a comentar el hecho a Jesús, pero en su respuesta se puede suponer que el pensamiento común era que el mal que uno experimenta, tiene que ser la consecuencia de alguna falta, algún pecado, y si el mal le toca a uno y no a otro, significa que él tiene culpas mayores: “¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás?”.

A ese hecho Jesús agrega otro, que muy probablemente podía ser interpretado de la misma manera: “las dieciocho personas que murieron cuando se desplomó la torre de Siloé”.

Jesús aprovecha la oportunidad... 

para entregar una enseñanza fundamental. Los acontecimientos que pueden afectar a una u otra persona, pueden tener distintas causas, naturales o fruto de la voluntad humana. Nunca son un castigo de Dios, o un premio merecido. Lo que importa es que todos necesitamos cambiar la manera de pensar, convertirnos. La palabra “conversión” significa dar otra dirección a la mente. No se trata de pasar de una condición de falta de fe, a una actitud de fe en Dios. Jesús pide mucho más. Hay que definirse frente a él. Es necesario asumir su propuesta, seguir su camino de servicio, de solidaridad, de igualdad y justicia, de amor. Seguir otro camino, el proyecto del Adversario, que es “mentiroso y homicida desde el principio”, significa echar a perder la vida: “si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera”. El salvar o perder la vida, será el fruto de la opción que cada uno hace frente al proyecto de vida que Jesús ofrece.



Los acontecimientos de la historia...

buenos o malos, no indican la medida del favor de Dios, pero pueden ayudar a tomar conciencia de que Dios en miles de formas llama a cada persona a la conversión, a cambiar mente y corazón y seguir a Jesús.Con una breve parábola Jesús aclara la urgencia de la conversión, y al mismo tiempo la paciencia de Dios: “Un hombre tenía una higuera plantada en su viña”. Pero la higuera no dio fruto. “¡Córtala!”, es la orden del dueño al viñador. “Déjala todavía este año”, es la súplica del viñador. La conversión es urgente, la higuera que no da fruto está por ser cortada. El tiempo que Dios todavía nos concede es para remover la tierra y abonarla, para cambiar mente. Sino, es una vida sin sentido, perdida.



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jueves, 7 de febrero de 2013

“ECHEN LAS REDES”

Querid@ Amig@:

Te envío un breve comentario sobre el evangelio de este domingo: “ECHEN LAS REDES”.

La reflexión, como siempre, es sólo una sugerencia inicial, para que se pueda elaborar un comentario colectivo, con la experiencia y la reflexión de cada uno. Cada uno puede intervenir y aportar, si quiere y cuando quiere, sus opiniones y reflexiones, que luego serán enviadas a todo el grupo.
Abajo, un aporte-retorno sobre el evangelio del domingo pasado: 
“EN SU TIERRA”.
Un abrazo... P. Bernardino



                                  "ECHEN LAS REDES"                      


Atrevernos a vencer la repetitividad y la rutina, aunque nazcan de la experiencia y de la sabiduría, puede permitirnos descubrir caminos nuevos y abrirnos a lo imprevisible y a lo inesperado.

Leemos en el evangelio de san Lucas 5, 1-11:
«En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y Él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes. Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: “Navega mar adentro, y echen las redes”. Simón le respondió: “Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si Tú lo dices, echaré las redes”. Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse. Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: “Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador”. El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón.
Pero Jesús dijo a Simón: “No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres”. Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron».


PALABRA de DIOS














Después del discurso en la sinagoga de Nazaret, en que presentó su proyecto, Jesús comienza a desarrollar su actividad misionera en Galilea. “En una oportunidad”, frente a la gran cantidad de gente que ansía “escuchar la Palabra de Dios” de su boca, él pide el auxilio de una barca de pescadores, para poder hablar desde el lago a la multitud que estaba en la orilla.

Pero no basta la barca. Para su misión necesita también el auxilio de los pescadores. Y los convoca a través de un signo muy significativo. Le pide a Simón, el propietario de la barca: “Navega mar adentro, y echen las redes”. Simón, justo volvía de una noche de trabajo sin sacar nada.

Para Lucas es la noche oscura de la frustración, de la soledad, el desánimo y el cansancio, de la ineficacia de tantas luchas, de la impotencia frente a la opresión, de la gran Ausencia.

Habría sido lógico que Simón se negara a la invitación de Jesús. En cambio, prevalece la confianza sobre la experiencia: “Si Tú lo dices, echaré las redes”. Se anima ir “mar adentro”, lejos de la orilla y del puerto seguro, renunciando al tranquilo y merecido descanso.

El resultado es extraordinario: “Sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse”.

No basta ni la barca, ni el trabajo sólo de Simón. Hace falta invitar a más personas, llamar “a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos”.

La invitación a la pesca “mar adentro” había sido sólo un pretexto, para invitar a comprometerse en otra pesca, cuyo éxito era anunciado por la cantidad de peces recogidos: “De ahora en adelante serás pescador de hombres”, para liberarlos de toda forma de opresión y esclavitud y para que vivan plenamente.

Simón se reconoce “pecador” frente a Jesús. Pero no importa. La abundancia de la pesca no dependerá de él, sino de la presencia del Señor: “No temas”.La respuesta es radical: “Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron”. Juntos, dan su total adhesión a Jesús, formando una primera comunidad de discípulos y colaboradores. Pero hay una decisión previa: “Abandonándolo todo”. Hace falta romper con el pasado, con todo lo que ata y da seguridad. La única certeza será él, y la confianza en la misión a la que él los llama.


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                             Bernardino Zanella...  bernardino.zanella@gmail.com


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 DOMINGO 03 de FEBRERO                                                   


El Evangelio de este domingo nos hace ver la experiencia triste que tuvo Jesús al ver el cuestionamiento de su propia gente, que no logran reconocer en El al Mesías. Jesús no pudo hacer ahí ningún milagro porque le faltaba la fe de su gente. Y mirando la historia, podemos reconocer muchos profetas que luchando por la justicia, por los pobres, por los marginados, no solamente vivieron la falta de reconocimiento en su tierra, sino que sufrieron persecución de aquellos que provocan las injusticias y en ocasiones también de sus más cercanos. Con este episodio de la vida de Jesús, recuerdo varios mártires en América Latina y también en Chile. Se me vienen a al mente varios, pero solo quisiera destacar uno: Monseñor Romero, quien luchó por poner a su Iglesia al servicio de los pobres. Lo acusaron de revolucionario marxista, cuando nunca fue violento. De las calumnias, pasaron a amenazas de muerte, hasta que fue asesinado mientras celebraba la Misa en una capilla. Esto me ayuda a pensar que si nosotros y nosotras nos decidimos a proteger al más débil, a ayudar al más desvalido, tenemos que estar preparados para recibir el menosprecio, la persecución de los más cercanos, incluso de nuestros familiares y amigos. También en ocasiones, la persecución de la misma Iglesia. Sabemos de varios casos en que se ha “echado” de la Parroquia o de una diócesis a personas inocentes, solo por que tal vez "le hace sombra" a alguna autoridad del lugar o por defender los derechos de los más humildes. Por lo menos que no nos sorprenda desprevenidos, significa que estamos en el camino de Jesús. Con todo caminamos con esperanza, siempre la verdad sale a la luz, porque entre las luces y sombras de nuestras familias, sociedad, Iglesia, va caminando con nosotros el Mesías, Jesús de Nazaret.   
Mónica, El Abrazo de Maipú – Chile



viernes, 1 de febrero de 2013

"EN SU TIERRA"

Querid@ Amigo@:

Volvemos con el BLOGGER "LECTIO DIVINA" OSM - SMA 2013. Te envío un breve comentario sobre el evangelio de este domingo:
“EN SU TIERRA”.
La reflexión, como siempre, es sólo una sugerencia inicial, para que se pueda elaborar un comentario colectivo, con la experiencia y la reflexión de cada uno. Cada uno puede intervenir y aportar, si quiere y cuando quiere, sus opiniones y reflexiones, que luego serán enviadas a todo el grupo.
El próximo envio incluye las reflexiones del domingo anterior, esperamos tus COMENTARIOS SEMANALES.

Un abrazo... P.Bernardino


                                    "EN SU TIERRA"                          

Muchas instituciones nacen con la finalidad de ofrecer un servicio específico a la sociedad, pero luego, con el paso del tiempo, se consolidan, y de a poco toda la atención y la energía se vuelcan hacia la continuidad y el fortalecimiento de la misma institución, hasta el punto que se hace central, y la finalidad original para la cual había nacido, desaparece o se debilita, o es claramente excluida. ¡Cuántos movimientos de renovación se han convertido en movimientos fuertemente conservadores! Esto le puede pasar a las organizaciones civiles y también a las religiosas.


Leemos en el evangelio de san Lucas 4, 21-30:
Después que Jesús predicó en la sinagoga de Nazaret, todos daban testimonio de Él y estaban llenos de asombro por las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: “¿No es éste el hijo de José?”. Pero Él les respondió: “Sin duda ustedes me citarán el refrán: Médico, sánate a ti mismo. Realiza también aquí, en tu patria, todo lo que hemos oído que sucedió en Cafarnaúm”. Después agregó: “Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra. Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó todo el país. Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón. También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue sanado, sino Naamán, el sirio”.

Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo. Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino.

 
                                   PALABRA de DIOS

 

Los oyentes de Jesús...
en la Sinagoga de Nazaret, son todas personas piadosas, que participan en las reuniones del día sábado, tienen un buen conocimiento de las Escrituras, y se dan cuenta en seguida que el joven Jesús, que había tomado la palabra para leer y comentar un texto del profeta Isaías, lo había modificado. La referencia a Isaías era muy actual, porque los pobres, los cautivos, los ciegos, los oprimidos de que hablaba el profeta, todavía representaban simbólicamente las condiciones del pueblo, dominado por el poder político y religioso. Pero no pueden aceptar absolutamente la visión universal que Jesús propone, reconociendo igualdad, participación y justicia para todos los pueblos. Quieren venganza contra los enemigos. Y se preguntan: al final, ¿quién es él, para presentarse como el que cumple la profecía de Isaías y pretende extender a todos el “año de gracia”, la condonación de las deudas? La pregunta que se hacen: “¿No es éste el hijo de José?”, no quiere simplemente reconducirlo a la pobreza económica y cultural de sus orígenes, sino encasillarlo dentro de una tradición patriarcal, donde el padre es el que transmite la identidad, el reconocimiento social, la cultura, los bienes. Jesús se estaba saliendo de su lugar, de la pertenencia a su familia, de la continuidad de la experiencia paterna.


Jesús interpreta los...
pensamientos de todos. Sin duda piensan que si se puede hacer algo extraordinario, que se comience por su propio pueblo: “Realiza también aquí, en tu patria, todo lo que hemos oído que sucedió en Cafarnaúm”. Lucas sabe en realidad que Jesús ya había estado en Cafarnaúm, antes de llegar de regreso a Nazaret, pero adelanta este discurso antes de narrar los acontecimientos de Cafarnaúm, porque le interesaba presentar primero desde Nazaret el programa de toda la actividad de Jesús. Y es un programa que manifiesta la apertura universal de la misericordia de Dios, a pesar de la actitud intolerante de los conciudadanos de Jesús, frente a la cual él constata amargamente: “Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra”. Justo “los suyos” lo rechazan, como habían rechazado y perseguido a muchos otros profetas anteriores. Y recuerda dos hechos conocidos, que demuestran la predilección de Dios para con los pueblos paganos: una mujer viuda, de Sarepta, para la cual el profeta Elías había multiplicado la harina y el aceite, y resucitado al hijo; y Naamán, hombre de Siria, que el profeta Eliseo había sanado de la lepra.

La reacción es violentísima:
“Todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo”. No ha llegado todavía “la hora” de su muerte. Es sólo el anuncio, inmediatamente después del primer discurso público de Jesús. Por ahora se salva, y puede continuar “su camino”. Pero ya se sabe adónde ese camino lo llevará.


PARTICIPA CON TUS COMENTARIOS A...
                             Bernardino Zanella  bernardino.zanella@gmail.com
                              Gustavo Llerena      gusosm@yahoo.es
              



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